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Por Jorge Sotero
La Habana.- La democracia a la cubana continúa su andar, en busca siempre de metas cada vez más inalcanzables. Ahora, unos días después de la farsa electoral en la cual se eligieron a los 470 diputados previamente elegidos -valga la redundancia- comienza el proceso de consultas para elaborar las candidaturas a la alta dirección del Estado.
No lo digo yo. Lo dice el diario Granma, quien destaca en su edición de este jueves que “se trata de la consulta a los representantes del pueblo en el más alto órgano de poder del Estado, para elaborar, a partir de sus propuestas un proyecto de candidatura para la dirección de la Asamblea Nacional del Poder Popular y, a su vez, del Consejo de Estado, para los miembros de este órgano, y para el presidente y vicepresidente de la República”.
El rotativo hace referencia a unas declaraciones de Conzuelo Baeza Martín, la presidenta de la Comisión de Candidaturas Nacional (CCN), quien aclara que quienes trabajan con ella se han trasladado a los territorios donde viven los diputados “para que no sea necesario trasladarlos a todos a la capital” y poder hacerles las respectivas consultas.
Esas líneas dejan dudas, porque las consultas, si no quieren traer a esos diputados desconocidos a la capital, las pueden hacer por teléfono, por videoconferencia, aunque para eso tendrían que mejorar los servicios que presta ETECSA, cada vez más en el centro de la opinión pública por acusaciones de constantes estafas por parte de la población, que reclama un servicio de más calidad, o lo que es lo mismo, un internet de mayor velocidad.
De cualquier manera, no hay que esperar sorpresa alguna del resultado de esa candidatura, porque no hay que ser erudito para saber que Esteban Lazo, a pesar de su avanzada edad, será ratificado como presidente de la Asamblea Nacional, y que Miguel Díaz Canel, el Hombre de la Limonada, será reelecto para otro gris período de cinco años al frente de Cuba, que ojalá no pueda terminar.
Luego puede haber algunos cambios, sobre todo entre los miembros del Consejo de Estado o, incluso, en la vicepresidencia, porque el tal Salvador Valdés Mesa, a quien en Camaguey no quieren ni ver, es una papa sin sal, un hombre mayor sin peso específico en nada, que ha sobrevivido en la alta nomenclatura castrista porque siempre le cayó bien a Raúl Castro, quien, al final, es el que quita y pone en Cuba.
Así mismo: eso de consultar a los diputados, muchos de los cuales no saben ni hablar, es pura pantalla del castrocomunismo, porque es el clan Castro el que decide quién estará en las listas y quién no. No hay que darle vueltas, porque así fue desde que en 1959 el clan de Birán se apoderó de la isla, hasta ahora.
Según Granma, Baeza dijo que “este proceso… tiene “un carácter transparente y constituye, además, un legítimo derecho de los diputados, en representación de quienes los eligieron, todo lo cual refuerza el carácter democrático y participativo de nuestro sistema electoral y, por ende, de nuestro sistema político”.
Las declaraciones, estoy casi seguro, se produjeron en una rueda de prensa, en la cual los aborregados representantes de los medios tomaron notas, hicieron alguna pregunta sobre algún dato específico y luego se fueron a las redacciones a escribir todo aquello que les dijeron. Y nada más.
En fin: dentro de poco Cuba tendrá nueva Asamblea Nacional, o la misma, y similar ocurrirá con el Consejo de Estado y la Presidencia. Y luego no pasará nada, porque volveremos al mismo inmovilismo de siempre, seguiremos con las mismas carencias de todo lo elemental para vida, la inflación continuará siendo galopante, se mantendrá el éxodo hacia cualquier lugar, y los dirigentes se pararán en cualquier foro -nacional o foráneo- para hablar de las bondades del comunismo y de la herencia dejada por Fidel Castro.
No sé ustedes, amigos lectores, pero para mí es hora de parar.