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VANGUARDIA NACIONAL DE UN DESASTRE

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Por Redacción Nacional

Las Tunas.- Cuando se haga el ranking de las provincias más destartaladas de Cuba, Las Tunas lidera el listado. Todas están en candela, nada funciona, pero el Balcón del Oriente lleva la delantera. Sin embargo, le acaban de dar la distinción vanguardia nacional a la empresa de Correos por los logros en el 2024. ¿No es para reírse?

En la Cuba real, la gente reza para que un paquete llegue. Porque si pasa por las manos del sistema de Correos, el milagro ya no es que arribe en fecha, sino que no se pierda. Y sin embargo, ahí estaban, radiantes y uniformados, los trabajadores de la Empresa de Correos Las Tunas, recibiendo la Condición de Vanguardia Nacional. Palabras mayores. Galardón supremo. Aplausos de pie.

Fue Osbel Lorenzo Rodríguez, primer secretario del Partido en la provincia, junto a la vicegobernadora Juana Yamilka Viñals Suárez, quienes entregaron el estandarte al “colectivo incansable de las Comunicaciones”. No se sabe si lo hicieron con la misma mano que firmaron los recortes presupuestarios para reparar los buzones oxidados o para imprimir los sellos postales que escasean hace años.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de las Comunicaciones, la Informática y la Electrónica se deshizo en elogios: que si la calidad en la prestación de servicios, que si la recuperación económica, que si el esfuerzo sindical. Hasta la secretaria de la sección Tunas 1, Dania Rondón Báez, tuvo su momento de gloria ante el micrófono: habló de limpieza, embellecimiento, ayuda a casas de abuelos y recuperación de servicios. Casi como si habláramos del Ministerio de Bienestar Social de un país nórdico, y no del correo en ruinas de una isla donde encontrar una carta a tiempo es casi como hallar a Dios.

Claro, recuperaron “varios servicios que no se realizaban”. Habría que preguntar por qué dejaron de realizarse en primer lugar. Porque los apagones no explican que los giros demoren semanas o que las entregas internacionales pasen por manos fantasmas. Y esa “recuperación económica” no se siente ni en los clientes ni en los bolsillos de los carteros que andan en bicicletas parchadas o pateando la calle con los zapatos abiertos por la punta.

La bandera, dicen, se la ganaron por “el cumplimiento de la labor sindical”. Porque aquí los reconocimientos no se otorgan por la eficiencia del servicio o la satisfacción del usuario. Se ganan por asistir a actos, por levantar la mano en asambleas, por desfilar el Primero de Mayo como si se tratara de un equipo campeón. Y ahí sí: los de Correos Las Tunas desfilarán. Con cartelitos, con consignas, con sonrisas de cartón.

El problema es que la realidad no desfila. No aplaude. No posa para la prensa oficialista. La realidad es que Correos Cuba es una ruina con uniforme. Un aparato vetusto, ineficaz, que funciona a trancas y barrancas, que pierde paquetes, que entrega giros a destiempo y que hace más por desesperar que por conectar. Que reparte más disculpas que postales.

La verdadera Vanguardia Nacional debería estar en las madres que caminan kilómetros con sus remesas atrasadas, en los jubilados que van diez veces a preguntar por su sobre extraviado, en los trabajadores anónimos que siguen echando el resto aunque no tengan tinta en las impresoras ni papel para imprimir un recibo.

Pero no. La medalla se queda con los que limpian y embellecen. Con los que firman y aprueban. Con los que asisten puntuales al acto político y no preguntan mucho. La eficiencia, esa sí, sigue en espera. Como un paquete sin destino, en un almacén cualquiera, oxidándose lentamente bajo el sol de Las Tunas.

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