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TESTIMONIO DE UN MÉDICO CUBANO ALQUILADO A BOLIVIA

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Redacción

La ONG Archivo Cuba -que dirige María Werlau, pionera en la investigación de la trata de médicos y personal sanitaro que practica el gobierno cubano- obtuvo el testimonio de uno de los galenos alquilados a Bolivia, que pidió no ser identificados por temor a represalias del castrismo. Por su interés y valor testimonial, ofrecemos el relato a nuestros lectores:

Estuve en Bolivia como médico de la misión cubana varios años. Soy especialista y trabajé en el Centro Oftalmológico “El Alto,” de La Paz. Antes de ir a Bolivia, intenté salir varias veces en misión, pero después de estar un par de semanas en la UCCM, en la famosa CUJAE siempre me regresaban porque decían que, según Emigración, yo era un posible emigrante porque tenía un pasaporte.

Además, no militaba en las filas de la UJC ni del PCC, a lo que nunca accedí porque, siendo militante, tenía que pagar de 400 a 600 CUC para “garantizar” una salida rápida, de Cuba.

Las personas seleccionadas para salir en una misión internacional, residen en la CUJAE, allí en grupo, compartiendo malamente un espacio común, para ser procesados e instruidos antes de partir al país designado.

Al llegar a Bolivia, inmediatamente que salimos del avión, alguien de la Seguridad de Estado nos esperaba bajando la escalinata para quitarnos el pasaporte. Si había que tomar otro vuelo, te lo daban de nuevo junto con el pasaje y te lo volvían a quitar al llegar al otro destino.

Nos prohibían tener vínculos afectivos o amistosos con nacionales, visitar sus casas o hacer cualquier cosa sin aprobación. Trabajé en una clínica, donde tenía que atender a un mínimo de 35 pacientes diarios, cuando la mayoría de las veces veía entre 3 a 8 pacientes reales; el resto era mentira. Había que inventar los pacientes para justificar a todos los cubanos que figuraban como parte de las misiones y no tenían nada que ver con medicina.

Los coordinadores de la misión vivían en mansiones enormes, custodiadas por la seguridad cubana, y en los barrios más lujosos de La Paz, acompañados por amigos y conocidos que se llevaban de Cuba, todos con su séquito de amigos y conocidos que -aunque figurabn como médicos y/o técnicos- eran custodios, choferes, lavanderos, operarios de mantenimiento, amas de llave, criadas, secretarias y personal de apoyo.

En paralelo, estaban los coordinadores de Grupos electrógenos, en su mayoría dirigentes intermedios del PCC, los sindicatos, la Seguridad del estado, familiares y amantes. Otro invento para cobrarle a Bolivia, porque en Bolivia no hay apagones…

Recuerdo que en una actividad oficial nos dieron un folleto que decía que en Bolivia había más de 700 “colaboradores cubanos” y, de esos, menos de 300 era personal de salud. Yo sabía que la minoría eran médicos. El resto eran puros puestos a dedos. Por todos ellos había que inventar pacientes y justificar el dinero que Cuba le estaba robando a Bolivia.

Para justificar el personal no médico que estaba en Bolivia, no solo teníamos que inventar cirugías de
pacientes que no existían, sino que se hacían operaciones oculares sin necesidad para “comprar las
estadísticas,” o sea, sacarle el pago a Bolivia. Se inventaban los procederes quirúrgicos para pedir más
dinero y hacer propaganda: operaciones de pterygiums (carnosidades) innecesarias y hasta cataratas
inventadas.

Muchas veces ponían al personal de enfermería a romper jeringas de insulina, echar el
contenido en un frasco y la aguja en otro, para decir que se estaban usando con los pacientes. Tenían que romper, quemar o regalar cajas y cajas de espejuelos graduados para decir que se les daba a pacientes inexistentes. Se tiraban a la basura analgésicos (paracetamol y diclofenaco fundamentalmente) para decir que se le estaba dando a los pacientes.

También nos entregaban el libreto de lo que teníamos que decir para entrevistas con Prensa
Latina
, que me negué a repetir.

Un día, logré ver en una nómina lo que Bolivia pagaba por cada uno de nosotros casi $4.000 dólares
estadounidenses, de los que nos daban solo $670, a pesar de que el contrato que nos dieron antes de
salir de Cuba decía que recibiríamos alrededor de $800, dependiendo del cambio. De esos $670, nos
quitaban $100 a cada uno para pagar la renta y los servicios básicos, pese que el estado boliviano cubría, por lo que se lo deben haber estado robando los jefes de la misión. Vivíamos en grupos en casas que se le daban a Cuba por el convenio con Bolivia.

Vi, junto con otros colaboradores médicos, como el embajador de Cuba, Benigno Pérez Fernández, mandaba en los vuelos a Cuba enormes cajas y cajas de madera, de más de un metro de alto, con el cuento de que se trataba de “Valija Diplomática.” Y a nosotros, cuando viajábamos a Cuba de vacaciones una vez al año o de regreso de la misión, nos limitaban lo que podíamos llevar a 40 libras.

Los pilotos y las aeromozas se reían mucho de nosotros, se burlaban porque teníamos que
viajar con varios pantalones y playeras, una encima de la otra, para poder trasladar algunas cosas a casa, mientras que la élite podía mandar cuanto quisiera. A veces los vuelos iban semivacíos y los cargaban con todo lo de ellos, tanto así que en una ocasión no despacharon el pobre equipaje de los
colaboradores.

En muchas ocasiones, nos tenían hasta 4 y 5 meses sin pagarnos el salario, supuestamente
porque Bolivia no tenía dinero y nos veíamos en una muy dura situación para sobrevivir. Gracias a
Dios que algunos comercios (no afines al gobierno de Evo), nos permitían sacar alimentos sin pagar
hasta que tuviéramos dinero. Gracias a ellos, podíamos sobrevivir.

El embajador Benigno, el jefe de la misión, Pavel Noa, y varios otros altos jefes cubanos, como Elizabeth
Leiva, eran muy amigos del Dr. Fernando Leanes, un argentino representante de la OPS/OMS, que frecuentaba, a menudo, un centro médico cubano, donde se atendía al presidente Evo Morales y a su familia.

A Leanes le encantaba robar cámara y retratarse con Morales. El sabía todo, conocía perfectamente cómo vivíamos los médicos y el verdadero personal de salud. Sabía que éramos sometidos a todo tipo de controles y arbitrariedades, como esclavos.

Como todos los médicos especialistas, estuve“regulado,” o sea, restringido para salir de Cuba. Pero, pude emigrar; sin embargo, no doy detalles para proteger a mi familia en Cuba. No deserté (como dicen las autoridades) en Bolivia porque no quise pagar el castigo, que era no poder ver a mis seres queridos en la isla por al menos ocho años. Pero en Bolivia abandonaron la misión muchos cubanos.

Irónicamente, muchos eran los mismos jefes, los muy revolucionarios, unos descarados.

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