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Por Anette Espinosa ()
La Habana.- Ramón Grau San Martín nació el 13 de septiembre de 1881 en La Palma, Pinar del Río, en el seno de una familia acomodada de productores de tabaco. Su padre, Francisco Grau, catalán, quería que continuara el negocio familiar, pero él optó por la medicina, graduándose en la Universidad de La Habana en 1908.
Tras especializarse en Europa, regresó a Cuba como profesor de Fisiología, donde su carrera académica se vio interrumpida por su incursión en la política durante la lucha contra la dictadura de Gerardo Machado.
En 1933, tras la caída de Machado, Grau fue nombrado presidente provisional en un gobierno efímero pero reformista conocido como el «Gobierno de los Cien Días» (en realidad, 127 días). Entre sus medidas más destacadas estuvieron:
Sin embargo, su gobierno no fue reconocido por Estados Unidos, cuyo embajador, Sumner Welles, conspiró con Fulgencio Batista para derrocarlo. El 15 de enero de 1934, Grau renunció bajo presión militar y partió al exilio.
Grau fundó el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) y volvió a la presidencia en 1944, esta vez mediante elecciones. Su segundo mandato, bajo el lema «La cubanidad es amor», combinó avances sociales con escándalos de corrupción:
Tras entregar el poder a Carlos Prío Socarrás en 1948, Grau fue acusado de malversar 174 millones de dólares, aunque el caso nunca prosperó. Se retiró de la vida pública hasta 1952, cuando denunció el golpe de Batista.
Tras la Revolución de 1959, Fidel Castro lo despreció públicamente, pero le permitió vivir en su mansión de Miramar con una pensión de 500 pesos mensuales hasta su muerte, el 28 de julio de 1969.
La figura de Grau divide a los historiadores:
Hoy, su nombre apenas se menciona en la Cuba oficial, pero su historia sigue siendo un reflejo de las contradicciones de la República: idealismo y decadencia, reformas y fracasos, todo bajo la sombra de un apellido que, como él mismo dijo, quiso convertir en sinónimo de «cubanidad» .