
Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter
Por René Fidel González García ()
Santiago de Cuba.- Necesitamos pensar y unir, crear tejido y animar. Debemos soñar el país que queremos y plasmarlo. Además, cuestionar lo que creemos es lo mejor, a golpe de opinión y auténtica buena fe.
Es preciso estudiar, conocer, impugnar y elegir lo mejor de lo moderno y útil que se ensaya en el mundo. Esto abarca todas las esferas de la plenitud social, económica y política de la vida. ¿Cómo podríamos nosotros saberlo para Cuba? Hemos estado atrapados en un bucle de nuestro subdesarrollo durante demasiado tiempo.
Reivindicar la política es esto y más, no una circunstancia personal. Es dejar de buscar al Martí o al líder providencial que nos guíe. Debemos juntar a los tabaqueros de hoy, a los de aquí y a los de allá, a los patriotas dispersos, desconfiados y tristes.
Hay que volver a confiar en la integridad del cubano. También, hacerlo ver la oportunidad que existe para todos más allá del dolor, la ira, la venganza o el desengaño. Hay que enseñarle a regresar de esa patria terrible que es el dolor.
Hoy somos excluidos política, social y económicamente. Ese cada vez más monstruoso abismo de pobreza que han abierto en nuestro país no es una crisis ni un concurso ideal de ellas. En realidad, es el resultado de la decadencia de un modelo de poder. Este modelo parece querer condenarnos a vivir en el subdesarrollo político. Nos deja sin igualdad y libertad para decir y aspirar a la felicidad de nosotros y nuestro hijos, y sin democracia para intentarlo.
En el 2028 será nombrado – o más probablemente ratificado – un Presidente en Cuba. Lo harán diciendo que es en nuestro nombre, aunque nosotros y nuestros sueños no les importemos. Nadie habla en nuestro nombre, nadie.
Nuestro pueblo, dicen, como si fuéramos de ellos. Nos llaman desagradecidos o malnacidos cuando no les alabamos y rendimos pleitesía. Dicen que son servidores públicos. Sin embargo, han empedrado el camino a los privilegios y comodidades, a los lujos y las riquezas que acumulan ya sin vergüenza, con el sacrificio de cada uno de nosotros y de nuestra única vida.
Los excluidos tenemos que ser capaces de un movimiento. En Cuba, nadie debe volver a excluir y discriminar a otro por su forma de pensar. Tampoco por ser sincero, por querer disfrutar de la libertad y los derechos por los que nuestros ancestros pelearon.
Parecería que a través del tiempo tenemos que volver a plantar cara a aquellos que mandaron a una cantera a un adolescente por escribir sobre la gloria de los apóstatas. Verdaderamente, parecería que otra vez estamos ante los que nos desprecian y traicionan.
Hasta ahora, como dijera Natalia Ginzburg “ conocemos bien nuestra cobardía y bastante mal nuestro valor”.
Hay que ver y advertir a tiempo de los peligros y apetitos terribles que se están abriendo contra el país y el destino de los cubanos. Intentemos abortar con la coherencia y los valores, con la cultura política nueva que seamos capaces de practicar, el daño de las ambiciones y la soberbia de los que ahora no tienen oportunidad para ello pero la esperan.
Ojalá no perdamos la esperanza de tener la serenidad para mirar lo esencial sobre lo superfluo y pasajero. Debemos centrarnos en lo que nos une por sobre lo que nos divide e incordia.
Tengo fe en todo ello, pero de lo que se trata es que empecemos a tenerla todos.