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Mr. MACNALLY

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Por Carlos Carballido ()

De la serie La Historia detrás de la foto

Dallas.- Lo veo cada madrugada al llegar, antes de irme a la carretera. Por alguna razón que desconozco desde mi primer día me trató con mucho afecto y jocosamente me llama “my son”.

Quizás sea otra cosa, o tal vez porque fui el primer cubano que iba a trabajar bajo su mando. En realidad no sé.

MacNally es de esos americanos que ya van desapareciendo por biología. Hombre apegado a los valores, como la pistola que siempre carga a su cintura y de la cual no se aleja.

Recuerdo que fue a la primera persona ejecutiva que le pedí trabajo en Texas. Me disculpé por mi acento de Tony Montana y solo me dijo: «aquí, como en el Sur, un contrato de trabajo se resume en un apretón de manos».

Mack, como lo llamo en analogía a la marca de camiones que fue orgullo de Estados Unidos, es de esos pocos hombres que dedican toda su vida al trabajo duro, difícil, sin horas de terminar. De esos que sacrifican su salud y el tiempo de calidad con su familia para contribuir con un negocio familiar que ha podido sobrevivir a tantas crisis y que, sin importar lo malo de los tiempos y los vientos adversos, ha permitido que muchas familias texanas tengan una vida decente.

Mack es de esos hombres rectos, de carácter difícil, de los que no disfrazan palabras crueles cuando las mereces.

Su vida se ha ido apagando poco a poco. Hace unos días, en la quietud de la medianoche y sin un alma alrededor me confesó que “tirará la toalla” en diciembre. Su salud dejó de acompañarlo. Su familia ya escogió el rumbo y el entiende que puede ser un estorbo.

-Me iré a pescar en mi bote -me dijo- y esperaré a que Dios me llame.

Lo dijo en tono fuerte pero vi en sus ojos un atisbo de humedad.

Duele mucho cuando finalmente te das cuenta de que te pasas la vida librando batallas épicas, dolorosísimas, sin perder la fuerza y con la moral en alto… Pero al final no puedes vencer la guerra y tienes que deponer las armas.

La vida debe ser distinta y al menos en este minuto que lo comprendes por lo menos deberíamos tener la oportunidad de disfrutar de alguna victoria hasta la partida en paz.

Y he ahí a Mack. A veces odiado por su adicción al trabajo y por exigir lo mismo para sus subordinados porque según él, “ir por el libro en cuanto a reglas es la única manera de hacer las cosas bien”.

Hace 11 años lo conozco y recuerdo muy pocos errores cometidos en su responsabilidad de logística. Y los escasos que recuerdo fueron inmediatamente subsanados.

Otra madrugada en que estábamos a solas me pregunto : «How many years have we known each other, and how many times have you taken vacations? I don’t remember very well.»

-Casi 12, le dije. Y solo he disfrutado vacaciones unas tres veces, Mr. Mack.

Su respuesta fue interesante y no la esperaba: “Nunca te olvides de la familia. Ellos, al final, valen más y aún tienes tiempo de corregirlo. Mírame a mí”.

Es difícil ver a un hombre dejar el lugar donde dejó su vida misma.

Diciembre está por llegar. Mr. Mack se irá a esperar a Dios en su bote, pescando, en paz y con el orgullo de haber servido al esfuerzo duro que ha hecho a esta nación que estamos por perder.

Yo solo me quedo con el dolor de no verlo en la madrugada rumiando sus palabras.

¿Su mayor enseñanza?: “En Texas no firmamos contratos. Sellamos el pacto y lo honramos con un simple apretón de manos”.

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