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Llegó el Observatorio del químico

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Por Redacción Nacional

La Habana.- Cuba estrena Observatorio Nacional de Drogas. Y uno no sabe si reírse o llorar. Porque en este país, donde no hay aspirina ni para aliviar el dolor de un machetazo, ahora resulta que nos convertiremos en potencia analítica de sustancias ilícitas. ¿Quién lo diría? Los mismos que se roban los medicamentos de los hospitales ahora harán estadísticas sobre los químicos que inundan las esquinas.

El nuevo juguete del régimen arrancará el 4 de julio. Así lo dijo Pilar Varona, viceministra de Justicia, en una rueda de prensa sin aire acondicionado y con el mismo libreto de siempre: “interconectividad, compromiso social, cooperación internacional”. Palabras huecas que no llenan el estómago ni sanan la cabeza de un joven que acaba de meterse tres pastillas de clonazepam trituradas con formol.

Este Observatorio no nace para salvar vidas, sino para justificar represión. Que no se nos olvide: aquí se decomisa un gramo de yerba y terminas con treinta años de cárcel o, en el mejor de los casos, sembrando boniato para los soldados. Lo que sí es raro es que hayan tardado tanto en inventarse esta estructura burocrática. Desde hace años los barrios están llenos de chamacos fumando “el químico”, una mezcla de polvo, mentiras y desesperanza. Y ahora, como si nada, vienen a decirnos que están preocupados.

Hay un detalle que no se puede pasar por alto: la cooperación con la Unión Europea y otros observatorios regionales. ¡Qué bonito! En medio de las peores cifras de migración, sin luz, sin pan, sin medicinas, Cuba se conecta al mundo para hablar de drogas. ¿Qué van a mandar a Europa? ¿Las fórmulas del cloro con formol que venden en Guanabacoa? ¿O los informes de cómo el MININT detectó una pastilla escondida en un zapato?

Las drogas en Cuba no la pueden controlar

No se han publicado cifras oficiales de incautaciones. No hay datos duros sobre consumo ni sobre adicción. Todo es un misterio. Lo que sí se sabe -porque lo hemos visto en los noticieros con música de suspenso- es que los juicios “ejemplarizantes” se multiplican. Como si una sentencia de veinte años fuera más efectiva que una política seria de prevención.

Mientras tanto, la comunidad científica sigue pintada en la pared. Los médicos de verdad, los que podrían hablar de salud mental y dependencia, están en Ecuador o en Nicaragua buscando cómo alimentar a sus hijos. Aquí no queda nadie capacitado para hacer un estudio serio. Y si lo hay, está tan asustado que prefiere no opinar.

Cuba sigue en medio de las rutas del narcotráfico. Y seguirá. Porque mientras haya pobreza, habrá desesperación. Y mientras haya desesperación, aparecerá alguien con un polvo milagroso que promete olvidar la miseria. El gobierno lo sabe. Lo que pasa es que no quieren admitir que son ellos los que fabrican el principal estupefaciente: la propaganda.

El nuevo Observatorio será, como tantas otras instituciones de cartón, un elefante blanco vestido de tecnocracia. Un lugar donde cuatro burócratas con la camisa por fuera, pasan la jornada rellenando Excel y mandando informes que nadie leerá. No se trata de drogas, se trata del país. De la isla entera convertida en una gran adicción al fracaso.

Si de verdad quieren hacer algo útil, que empiecen por legalizar la verdad. Esa sí que nos hace falta. Aunque sea en dosis mínimas.

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