
Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter
Por Sergio Barbán Cardero ()
Miami.- El régimen cubano ha comenzado a mover las piezas del tablero con la intención de simular una transformación. Sin embargo, en esencia, esta transformación no altera su naturaleza. Lo hace mediante una pantomima política cada vez más evidente. Esta pantomima es articulada por voceros cuidadosamente elegidos para dar la apariencia de apertura.
En los últimos días, figuras como Israel Rojas, respaldado públicamente por Lis Cuesta, la primera dama, han intentado instalar la narrativa de la “reconciliación”. Por ejemplo, Lis Cuesta incluso lo ha invitado a dar conferencias en el ISA.
A ellos se suma Michel Torres Corona, quien desde su programa Con Filo ha reafirmado este discurso, vaciándolo de contenido y despojándolo de toda autocrítica.
Michel fue incluso más allá: “Lo que deseamos todos los cubanos, aquí o en cualquier lugar, es articular un proyecto de nación que reconcilie, sí, viejas rencillas que hoy son obsoletas.”
No, Michel. Esas “viejas rencillas” no son obsoletas. Han dejado muchas heridas abiertas. Además, tu discurso es parte de una escenografía de cambios que solo existe en el relato oficial. Echa sal sobre esas heridas sin ofrecer consuelo ni reparación a las víctimas.
El término utilizado por Michel Torres Corona, «viejas rencillas obsoletas», no solo busca lavar la imagen de la dictadura. También constituye una burla al pueblo cubano, especialmente a sus víctimas directas.
En noviembre de 2023, el régimen celebró la IV Conferencia “La Nación y la Emigración”. Esta conferencia fue organizada por el Ministerio de Relaciones Exteriores en el Palacio de Convenciones de La Habana. Hubo participación destacada del puesto a dedo Miguel Díaz-Canel, Bruno Rodríguez Parrilla y otros altos dirigentes del Partido Comunista.
Un evento presentado como un espacio de diálogo con la diáspora cubana, pero que en realidad fue cuidadosamente manipulado para excluir voces críticas. Además, el evento buscaba proyectar una falsa imagen de inclusión.
Lejos de ser un gesto de reconciliación nacional, la conferencia fue parte de una estrategia ensayada para perpetuar el control del régimen. No buscaba rectificar errores ni asumir responsabilidades.
Se habló de diálogo, pero muchos cubanos en el exilio que solicitaron participar nunca recibieron respuesta del MINREX. Los asistentes fueron personas afines al sistema o sin historial de cuestionamiento político.
Durante el evento, no hubo espacio para el disenso. Tampoco se mencionó la existencia de presos políticos ni se abordaron temas urgentes como las libertades civiles, el pluripartidismo o la reparación a las víctimas del régimen. Fue un acto alineado con los intereses del Partido Comunista, ajeno a las demandas legítimas de una nación herida.
Los voceros oficiales hablan hoy de reconciliación nacional, pero lo hacen sin asumir responsabilidades por décadas de represión. Además, no piden perdón, y no muestran disposición alguna para liberar a los jóvenes encarcelados tras el 11 de julio de 2021 o en manifestaciones posteriores. No existe ni un gesto de justicia, ni una política de reparación.
¿Con qué autoridad moral puede hablar de reconciliación quien ha justificado cada golpiza, cada destierro, cada prisión política?
El discurso oficial no busca sanar heridas, sino maquillar el rostro del autoritarismo para agradar a ciertos gobiernos extranjeros. Esto incluye algunos otrora aliados ideológicos, como Rusia, Vietnam o China. Especialmente, el discurso busca presionar a Estados Unidos con vistas al levantamiento del embargo y una reactivación financiera que favorezca al régimen.
En paralelo, se intenta imponer una narrativa de “cambio” basada en reformas económicas superficiales. Se observa un tímido reconocimiento del sector privado y ciertos gestos de apertura. Sin embargo, todo ocurre dentro de los límites impuestos por el poder. Además, no se cede ni un centímetro en el control absoluto de la vida política y social del país.
Los verdaderos actores del cambio: la ciudadanía empoderada, los presos políticos, los activistas, los cubanos que han sufrido represión o exilio, siguen excluidos. También se mantienen silenciados o reprimidos.
El régimen busca vender al mundo una imagen reformista sin tocar la estructura de poder totalitario. Asistimos a un teatro de sombras, que maquillan los barrotes, se reacomodan las butacas, pero la obra sigue siendo la misma. Un guion en el que los aplausos están prohibidos si no van dirigidos al dictador.
Resulta cínico ver cómo ahora los mismos voceros que aplaudieron la represión con entusiasmo, como Israel Rojas o Michel Torres Corona, hablan de reconciliación con total desparpajo. Además, no mencionan a las madres que no pueden abrazar a sus hijos presos ni a los jóvenes condenados por pensar distinto. Asimismo, no hablan de los campesinos que perdieron sus tierras ni del pueblo que hoy muere de hambre, sin electricidad ni transporte.
Estamos ante un burdo intento de reciclar la dictadura bajo un nuevo disfraz, una maniobra de propaganda que pretende ofrecer “diálogo” sin renunciar al látigo. Pero el pueblo cubano ya no es el mismo. Se ha digitalizado, se ha globalizado, se ha cansado. Y si algo enseña la historia, es que ningún régimen puede sofocar la verdad eternamente.
La reconciliación verdadera no comienza con los voceros del poder, sino con el pueblo que ha sido traicionado, empobrecido y silenciado. Y solo será posible cuando haya justicia, verdad y perdón real. Todo lo demás es complicidad.