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Increíble: el régimen realiza un evento de “transiciones energéticas”

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Por Oscar Durán

La Habana.- Un país donde los apagones son tan cotidianos como el pan racionado. El régimen vuelve a vestirse de anfitrión para hablar de “transiciones energéticas” y “futuro sostenible” desde el salón climatizado de la Universidad de La Habana.

El evento, pomposamente titulado Transiciones Energéticas en Centroamérica y el Caribe, reúne a ministros, rectores y burócratas. El propósito es repetir las mismas frases de siempre: soberanía energética, resiliencia climática, objetivos de desarrollo… Últimamente vemos el mismo guion de memoria, mientras afuera la gente cocina con leña y carga sus teléfonos en casas ajenas.

Resulta grotesco que, con Vicente de la O Levy —el mismo ministro que no puede garantizar combustible para mantener encendidas las termoeléctricas en julio— sentado en la mesa principal, se hable de “matrices energéticas sostenibles”. Parece que la realidad cubana fuera un modelo a seguir, a pesar de que el país depende casi por completo de combustibles fósiles importados. Además, carece de una infraestructura renovable funcional y, cada vez que llega un buque de petróleo, el gobierno celebra como si fuera un logro tecnológico propio.

La burla al pueblo continúa

Durante el acto, se firmó un Memorándum de Entendimiento con la Olade para desarrollar proyectos conjuntos. Lo que no dijeron es que, desde hace años, se anuncian planes similares. Ninguno ha evitado que los apagones duren 10, 12 o 14 horas. Tampoco mencionaron que las inversiones en energía solar o eólica avanzan a paso de tortuga. Mientras tanto, la corrupción y el desvío de recursos siguen desangrando cualquier iniciativa.

El discurso oficial subraya la “urgencia” de cambiar la matriz energética. Sin embargo, el régimen prefiere gastar combustible en caravanas oficiales y giras presidenciales antes que en alimentar a la red eléctrica. En la práctica, Cuba no transita hacia la soberanía energética, sino que patina en el mismo lodazal de dependencia y fracaso que arrastra desde hace décadas.

Hablar de futuro sostenible desde un país a oscuras no es visión estratégica. Es cinismo político. Mientras en el podio se pronuncian palabras bonitas sobre el 2030, en los barrios la gente cuenta los minutos hasta que vuelva la luz… si es que vuelve.

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