---
title: El poder de echar al poder, la diferencia entre vivir en democracia o sobrevivir en dictadura
date: 2026-11-05T13:36:33Z
modified: 2026-11-05T13:36:33Z
permalink: "https://elvigiadecuba.com/el-poder-de-echar-al-poder-la-diferencia-entre-vivir-en-democracia-o-sobrevivir-en-dictadura/"
type: post
status: publish
excerpt: ""
wpid: 119534
featured_image: /wp-content/uploads/2026/11/R-8.jpg
featured_image_alt: En la foto, una imagen referida al texto
author: Redacción
timestamp: 2026-11-05T13:36:33Z
tags:
  - Portada
  - Crisis y Abastecimiento
  - Noticias de Cuba
  - Política y Gobierno
  - Política, Economía y Sociedad
---

Por Max Astudillo

La Habana.- Hay una diferencia entre vivir bajo un gobierno que toma malas decisiones y vivir bajo un gobierno del que no puedes librarte aunque las tome todas mal. La diferencia se llama democracia. No es un sistema que garantice gobernantes inteligentes, honestos o competentes. Es algo mucho más importante: permite que los ciudadanos les retiren la confianza y los sustituyan sin tener que recurrir a la violencia, sin pedir permiso y sin poner en riesgo su libertad o su vida. La democracia no impide que un gobernante se equivoque; impide que convierta sus errores en una condena permanente para el país.

Estados Unidos acaba de ofrecer un ejemplo muy concreto. Donald Trump llegó a estas elecciones de medio mandato con una gestión sometida al juicio de los ciudadanos. Su política migratoria, marcada por las operaciones del ICE y las controvertidas detenciones y deportaciones, provocó rechazo en amplios sectores de la sociedad. La guerra con Irán contribuyó a disparar los precios de la energía y la gasolina, mientras el encarecimiento de la vida, los aranceles y las controversias de su Administración alimentaban el descontento.

Cada votante tenía sus razones, sus prioridades y su propia valoración. Y el 3 de noviembre pudo expresarlas en las urnas. El resultado fue un severo revés para Trump: los demócratas conquistaron las mayorías en la Cámara de Representantes y el Senado, según los resultados anunciados tras los comicios. El presidente no fue destituido ni perdió su mandato, pero su partido perdió el control del Congreso y su capacidad para gobernar sin contrapesos quedó seriamente limitada.

Eso es la democracia en funcionamiento. Trump puede seguir siendo presidente, defender sus decisiones, discrepar de sus adversarios y tratar de convencer nuevamente a los estadounidenses. Pero ahora tendrá enfrente un Congreso con mayoría opositora, capaz de bloquear iniciativas, investigar a su Administración y exigir explicaciones. Los ciudadanos no necesitaron tomar el Capitolio, enfrentarse a la policía ni organizar una insurrección. No tuvieron que derribar al Gobierno: les bastó con votar. Y el poder recibió el mensaje. En una democracia, el gobernante administra una autoridad prestada; no es propietario del país ni de la voluntad de sus ciudadanos.

## Cuba y su tiranía

Miremos ahora hacia Cuba. Acá la situación es radicalmente distinta. El país atraviesa una crisis devastadora: escasean los alimentos, los precios suben mientras los salarios pierden valor, falta combustible, los apagones castigan a la población, el transporte se desploma y conseguir medicamentos se ha convertido para muchas familias en una angustiosa búsqueda. Los servicios hospitalarios y el suministro de agua sufren carencias que afectan la vida cotidiana de millones de personas. Después de décadas de promesas, el Gobierno no consigue garantizar condiciones elementales de bienestar. Y, sin embargo, no existe un mecanismo electoral competitivo mediante el cual los cubanos puedan retirarles el mandato a quienes gobiernan y elegir una alternativa. El poder permanece, aunque su gestión acumule fracasos y el sufrimiento de la población se multiplique.

La explicación está en la propia estructura del sistema. La Constitución cubana reconoce al Partido Comunista como la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado. No permite la competencia entre partidos por el Gobierno, ni existe una oposición con posibilidades reales de ganar unas elecciones nacionales y asumir el poder. La influencia de Raúl Castro y de la vieja estructura dirigente tampoco desapareció con el relevo generacional. La Asamblea Nacional, aunque la Constitución la define como órgano supremo del poder estatal y le atribuye facultades legislativas, no funciona como un Parlamento plural donde el Gobierno pueda perder una votación frente a una oposición independiente. Sus diputados no compiten en elecciones nacionales entre proyectos políticos alternativos. Sin pluralismo, sin contrapesos efectivos y sin una oposición legal con posibilidades de gobernar, la representación termina convertida en una ratificación del poder, no en un control sobre él.

Y cuando los ciudadanos intentan expresar su descontento fuera de los cauces oficiales, aparece la otra gran diferencia: la represión. Las protestas, las críticas públicas y las iniciativas independientes pueden terminar en vigilancia, amenazas, detenciones y condenas de prisión. La ciudadanía no dispone de una vía institucional efectiva para sustituir pacíficamente al Gobierno, mientras que la protesta puede acarrear consecuencias personales y familiares muy graves. No es que el pueblo cubano carezca de voluntad, de razones o de valor para reclamar un cambio. Es que se enfrenta a un aparato político y represivo que no reconoce la alternancia como una posibilidad legítima. Y esa es una de las características más perversas de una dictadura: exige obediencia a una población a la que niega el derecho de decidir quién la gobierna.

## Democracia no es solo elecciones

Por eso conviene entender que la democracia no consiste solamente en celebrar elecciones. También exige libertad para organizar partidos, prensa independiente, separación de poderes, tribunales capaces de actuar sin órdenes políticas y un Parlamento que pueda investigar, cuestionar y frenar al Ejecutivo. En Estados Unidos, con todos sus defectos, un presidente puede perder el Congreso. En Cuba, el ciudadano no puede utilizar las urnas para sacar del poder al partido que lo gobierna. En uno de esos países, el voto puede cambiar la correlación de fuerzas y obligar al Gobierno a rectificar. En el otro, el sistema está diseñado para que el poder no tenga que someterse a una competencia que pueda perder.

La lección es mucho más profunda que una victoria demócrata o una derrota republicana. No se trata de defender a Trump ni de idealizar a Estados Unidos. Se trata de defender el derecho de los ciudadanos a equivocarse al elegir y, sobre todo, a corregir su elección. Porque un gobernante puede ser malo, un partido puede fracasar y una política puede resultar desastrosa; lo verdaderamente peligroso es que nada de eso permita cambiar a quienes mandan. La democracia no garantiza que el poder esté siempre en buenas manos. Garantiza que no tenga que permanecer en las mismas para siempre. Y en Cuba, después de tantos años de crisis, esa es precisamente la libertad que falta: la posibilidad de que el pueblo no solo elija a quienes gobiernan, sino que también pueda echarlos cuando dejan de merecer su confianza.

## Topics

**Categorías:** [Portada](https://elvigiadecuba.com/category/portada/?output_format=md), [Crisis y Abastecimiento](https://elvigiadecuba.com/category/politica-economia-y-sociedad/crisis-abastecimiento/?output_format=md), [Noticias de Cuba](https://elvigiadecuba.com/category/noticias-de-cuba/?output_format=md), [Política y Gobierno](https://elvigiadecuba.com/category/politica-economia-y-sociedad/politica-y-gobierno/?output_format=md), [Política, Economía y Sociedad](https://elvigiadecuba.com/category/politica-economia-y-sociedad/?output_format=md)