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El atraco del siglo bendecido por el Parlamento

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Por Redacción Nacional

La Habana.- Que el monopolio estatal de telecomunicaciones en Cuba, Etecsa, haya incrementado en un 5.300% su recaudación diaria en divisas tras el tarifazo de junio no es una proeza. Es una infamia. Lo anunció con orgullo el primer ministro Manuel Marrero, como si de una hazaña revolucionaria se tratara. Pero lo que ha ocurrido no es más que otro capítulo grotesco en la historia de una dictadura que se reinventa a sí misma. Ahora como empresa recaudadora, sin ofrecer nada a cambio.

Recaudar 540.000 dólares diarios en un país donde el salario medio apenas roza los 48 dólares al mes, es sencillamente una obscenidad. En Cuba, conectarse a internet se ha convertido en un lujo para ricos o para aquellos que dependen de una recarga enviada desde el extranjero. Un gigabyte de datos puede costar más que alimentar a una familia por varios días. ¿Y a dónde va todo ese dinero? A la “recuperación gradual de las infraestructuras”, dice Marrero, con la boca llena de promesas que jamás se cumplen.

El discurso de siempre

Lo más insultante es la narrativa oficial: que este saqueo cotidiano se justifica por el “elevado endeudamiento” de Etecsa y la “caída del ingreso en divisas”. Como si la población tuviera la culpa del descalabro económico generado por décadas de ineficiencia, corrupción y propaganda barata. Como si no supiéramos que el verdadero negocio de Etecsa es sangrar al exiliado. Además, mantener conectada, a duras penas, a una isla apagada.

Mientras tanto, desde la propia Federación Estudiantil Universitaria —una organización oficialista, para más ironía—, se ha calificado esta medida como “una falta de respeto enorme al pueblo”. Y lo es. No solo por lo impagable de las tarifas, sino por lo que representa: el Estado cubano ya no solo controla lo que puedes decir. También controla cuánto te cuesta decirlo.

En cualquier lugar decente, esto sería motivo de renuncia, de vergüenza nacional, de protestas masivas. Pero en Cuba, el Parlamento aplaude. Y Etecsa, esa entelequia tecnológica sin competencia, se ríe en la cara del pueblo mientras cuenta billetes verdes.

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