La cuenta pendiente: de los 895 a los mil, sin que nadie encienda la luz

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Por Jorge Sotero ()

La Habana.- Anoche Cuba cerró los ojos casi a oscuras. Los datos oficiales hablan de una afectación máxima que superó los dos mil megavatios, y en no pocos barrios habaneros la corriente no llegaba desde hacía más de cuarenta horas.

No hay carne del refrigerador, la señal del teléfono va y viene, y la gente busca a tientas un enchufe en la calle. En medio de esa atmósfera casi asfixiante, el dólar informal no se detuvo: cerró el domingo cerca de los 895 pesos, a un paso de los 900.

Así que este lunes todos miran ese número. Si se mantiene el ritmo de la última semana —casi sesenta pesos en siete días—, que el dólar abra por encima de los 900 pesos no es una profecía, es una cuenta pendiente que tarde o temprano hay que pagar. La semana pasada por estas fechas el dólar rondaba los 838 pesos; hoy está a cinco pasos del precipicio. Esto no es un movimiento del tipo de cambio: es el país entero hundiéndose.

Un lunes de récord

La crisis eléctrica y la depreciación del peso dejaron de ser dos cosas separadas hace mucho. Se alimentan mutuamente, como dos parásitos que roen el mismo cuerpo. Sin combustible, las termoeléctricas no arrancan: siete unidades caídas, tres en mantenimiento, y los 4.204 MWh solares del día anterior no alcanzan ni para un paño de agua tibia frente a un déficit de casi 2.000 MW. Y sin divisas no se compra combustible ni se compran las piezas que necesitan las plantas. La tasa oficial sigue clavada en 768 pesos, pero eso es solo un número impreso en un papel; el cubano de verdad vive en el mundo de los 895.

¿Llegará el dólar a los mil pesos antes de que termine noviembre? Si se mantiene el ritmo de los últimos siete días, la respuesta es sí. Con casi sesenta pesos semanales, basta con repetir esa cifra menos de dos veces para romper ese papel finísimo. Pero lo que de verdad escalofría no es la posibilidad matemática, sino su premisa: que sigan los apagones, que siga la escasez, que el país siga atrapado entre el combustible y los repuestos. Y esas premisas, hoy por hoy, no muestran ninguna grieta.

El régimen lo achacará todo al bloqueo, y algo de razón tiene, pero el bloqueo no explica por qué las plantas se averían año tras año, ni por qué los propios partes oficiales registran fallas de planificación y mantenimiento que se repiten mes tras mes. Ocho colapsos totales del sistema, déficits superiores a los 1.500 MW convertidos en rutina. Sobre semejante cimiento, el peso no puede sostenerse: 900 o 1.000, es solo cuestión de tiempo. Este lunes amanezca, los cubanos no solo esperarán una luz: esperarán también una cifra a punto de ser reescrita.

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