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El régimen convierte un escáner en gloria

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Por Yeison Derulo

La Habana.- La dictadura cubana convirtió un acto rutinario de aduanas en un espectáculo propagandístico. Dos oficiales detectaron pólvora y drogas en el aeropuerto. En lugar de informar el hecho con sobriedad, montaron un show en el Bosque de los Mártires de la Seguridad del Estado.

Condecoraciones, discursos altisonantes, minuto de silencio y titulares en la prensa oficial. Todo para disfrazar de epopeya lo que en cualquier país normal sería simplemente el cumplimiento del deber.

El régimen necesita fabricar héroes constantemente. Si no son los médicos “internacionalistas”, son los maestros “incondicionales”. Ahora incluyen a los aduaneros que, con un escáner en la mano, detectan lo que ya tenían que detectar. La pregunta es obvia: ¿de verdad el país no tiene otro logro más que mostrar que la captura de pólvora negra y unos cuantos paquetes de droga? Si la Revolución, después de 65 años, necesita inflar hasta esto para sostener su discurso, es porque está completamente agotada.

Catálogo de consignas vacías

El discurso del jefe de la Aduana General de la República (AGR) fue un catálogo de consignas vacías. Hablan de un “escudo infranqueable” y de “preservar la Seguridad del Estado”. No se habla de seguridad ciudadana, ni de bienestar de la población, ni de protección al viajero. Todo gira en torno al mismo concepto desgastado: la defensa del Estado por encima de las personas. Esa es la esencia de la dictadura. El aparato importa más que el ciudadano, y por eso celebran más a un aduanero que a un padre que logra alimentar a su familia en medio de la miseria.

El minuto de silencio a los “mártires de la Seguridad del Estado” es la guinda del pastel. Una institución represiva ha vigilado, perseguido y encarcelado a miles de cubanos opositores. Ahora se viste de mártir para alimentar el mito de la heroicidad revolucionaria. No hay espacio para recordar a los jóvenes que se lanzan al mar, a los presos políticos torturados en calabozos inmundos, ni a los cubanos que mueren por falta de medicamentos. Esos muertos no entran en el guion del teatro castrista.

Lo que debería ser un procedimiento normal en la frontera se convierte en ceremonia, medalla y consigna. Esto ocurre porque el régimen vive de inflar lo mínimo para ocultar su fracaso total. Mientras la población sobrevive en apagones, colas y hambre, el gobierno organiza homenajes para aduaneros que hacen su trabajo. Ese es el país que han fabricado. Un lugar donde lo ordinario se celebra como proeza porque lo extraordinario —progreso, bienestar, libertad— jamás existirá bajo la dictadura.

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