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La cortina de humo para esconder la plata

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Por Lara Crofs

La relación entre figuras como Harold Cárdenas y La Joven Cuba (LJC) con el aparato de inteligencia cubano, especialmente con el G-2, ha sido objeto de especulaciones y análisis dentro de la comunidad disidente. Se da por sentado que la presencia de estas figuras en el espacio público cubano, y su participación en el discurso político, no es casual. Se argumenta que son parte de una estrategia controlada por el gobierno. El objetivo es crear una imagen de «disidencia controlada» que permita a la élite del poder cubano mantener su dominio mientras desactiva a aquellos que podrían cuestionar de manera efectiva el régimen.

La Joven Cuba, como medio de comunicación tibia, ha sido uno de los más visibles en ese sector de la oposición «blanda», aquella que no se enfrenta de manera frontal al poder, pero que sí permite ciertas críticas al sistema. Este tipo de disidencia, aparentemente más «moderada», responde a una estrategia del gobierno para dar la apariencia de apertura y debate dentro del sistema. Sin embargo, en la práctica no hay cambios sustanciales en la estructura de poder. La gestión del G-2, la inteligencia cubana, de manejar estos grupos sería clave. Así, garantizar que las críticas no lleguen al núcleo de la estructura, sino que se queden en un círculo controlado. El “dentro de la revolución todo” se cumple a cabalidad aquí.

GAESA detrás de todo

Sin embargo, al poner en perspectiva una cifra como los 18 millones de dólares en activos del conglomerado GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), se abre otro debate más profundo. Este debate se centra en el verdadero poder económico detrás del régimen cubano.

GAESA es un conglomerado que controla una parte significativa de la economía del país. Tiene influencia en sectores claves como el turismo, el transporte, y la importación de bienes. Este conglomerado no solo está vinculado al poder militar, sino que también es un punto central. Así, perpetúa el control del régimen sobre la economía.

Los 18 mil millones de dólares que se mencionan representan una suma astronómica. Este número refleja el alcance y la importancia de este conglomerado en el mantenimiento del poder.

Lo que destaca aquí es que, mientras la discusión pública y los análisis sobre figuras como Cárdenas y LJC pueden ser relevantes desde un punto de vista ideológico, la verdadera batalla está en los números. También en el control económico que permite a las élites seguir con sus negocios internacionales, perpetuar la represión y continuar el control social.

La fachada flexible para esconder cosas

Es importante recordar que, mientras que las críticas de fachada y las disidencias controladas pueden servir para dar una imagen de flexibilidad política, lo que realmente determina la estabilidad del régimen cubano es su capacidad para controlar recursos. Además, gestionar el poder económico y protegerse de las amenazas internas mediante el control de las estructuras financieras y de poder.

El G-2, por su parte, mantiene una vigilancia constante sobre aquellos que podrían representar una amenaza real al sistema. Para que una disidencia logre ganar verdadero peso y convertirse en una amenaza significativa, debe poder sostenerse fuera de las redes de control del Estado. Sin embargo, muchos de los llamados opositores «blandos», como los mencionados, siguen siendo absorbidos por la maquinaria estatal. Esto, para preservar un equilibrio donde nada cambie realmente.

Mientras que la crítica a figuras como Harold Cárdenas y los intentos de desmantelar su credibilidad dentro de ciertos círculos son parte del juego político, lo que realmente define el futuro de Cuba es el control económico.

Los 18 mil millones de dólares de GAESA son la verdadera piedra angular del régimen. Cualquier cambio o desafío real al poder debe ir más allá de los discursos públicos. Además, atacar directamente a esta estructura económica.

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