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Por Juan Pin Vilar

Vivo en un país maravilloso, interesante, habitado por todos los países de este planeta, sin excepción, que no elegí ni me gusta. No creo en la bobería de «eso es privado» mientras el Partido y las instituciones represivas y regresivas se han pasado la vida convirtiendo lo privado en público, preparando desde asesinatos hasta descréditos a personas que no lo merecen.

Ser intelectual, artista o lo que sea no nos exime de esa falta de ética o moral.

He cometido errores, pero jamás he permitido que, conscientemente, se me utilice contra otro colega. Al contrario, desde muy pequeño y de manera natural, he dado la cara por otras personas.

A los 10 años, provoqué el encierro en un baño de la hija de la directora de la escuela porque no llevaban a toda el aula al Capitolio. Solito. Sin que nadie me lo pidiera. Recuerdo que cantábamos una canción de Alfredito Rodríguez: «Porque nadie es mejor que nadie».

A los 13 años, insubordiné un campamento en la escuela al campo porque los maestros nos obligaban a cumplir las normas en el trabajo mientras tomaban café y templaban entre ellos. Se me ofreció el cielo y no acepté. Fui el único expulsado.

A los 15, me opuse a la expulsión de colegas que solamente se habían fugado para ver a sus novias. Después del juicio, nos botaron a 10. Mi padre y mi madre batallaron paso a paso porque no existía una razón para expulsarlos. Se les ofreció mi regreso «sin manchas» en el expediente y NO ACEPTARON. Continuaron batallando a nombre de los 10. Entonces, perdonaron a los 9 y me aplicaron la Ley 7.15 (así le decían), que me sacaba del sistema de enseñanza para enviarme a un reformatorio. Allá fueron mis padres otra vez a batallar, sin el apoyo de nadie.

En 1987 entré en la AHS, y en 1988 ya estaba Bohemia publicando una carta contra mí, que movilizó a Juan Pedro Torriente y Luis Alberto García para lograr una declaración del Ejecutivo Nacional contra esa carta. No conozco otro caso en mi generación de un joven revolucionario que haya sido perseguido de esa manera desde tan pequeño.

Así que, a las y los que no les guste que diga que Senel Paz y Rebeca Chávez son unos pendejos de mierda, un par de cobardes y traidores a su propio gremio, que primero piensen en Lichi Diego llorando en mis brazos, ahogado en alcohol, cuando leyó en la Gaceta de la UNEAC lo que escribieron entre el alitoso Pedro de la Hoz y su amado Senel contra él. Si Lichi mintió, que sus amigos del alma lo juzguen.

Y para las preocupadas: Senel estuvo hablando mierda sobre mí desde el primer día de esta situación. No tuvo huevos —nunca los ha tenido ni para salir del clóset— de hacerlo en mi cara.

¿Visitó a Boris González Arenas cuando lo expulsaron?
¿Le envió una cartica a Cremata ante el dolor que lo ha apartado del cine?

Es muy fácil leer a Antonio José Ponte, exhibir un libro suyo dedicado por él y no tener dignidad para comprender a Fermín Gabor. Ah, pero somos cineastas e intelectuales y necesitamos la foto. Somos valientes. Somos independientes. Somos modernos. Leemos a Lichi. Vamos a hacer programitas de streaming en Miami con las actrices que vieron cómo mi hija era humillada en Gibara y continuaron sentadas en la mesa.

Jamás he aceptado aparecer en un solo programita de televisión o poscad fuera de Cuba, donde la falta de ética los consume. Vi a todas esas actrices guataquearle a Ana de Armas, pero no tuvieron ovarios para dar la cara por su derecho a templar con quien les diera la gana. Ella no es amiga mía ni un carajo. La vi dos veces en mi vida. Pero la respeté porque invitó a sus amigos de La Colmenita a su cumpleaños. Eso es dignidad. Lo demás es politiquería y envidia.

La Escuela de Cine de San Antonio me toca los cojones. Llevan años hablando de Birri, Gabo, Titón… dando muela en la Ludwig, y ahora les preocupa la libertad de expresión.

Háganme el favor, partía de pendejas y pendejos, y llámense a capítulo. Que los conozco llorándole a Fidel y Raúl, y ahora le lloran a los congresistas estadounidenses que de cubanos solo tienen el idioma y sus antepasados.

Y las jóvenes y los jóvenes: tacto cuando me pidan cuenta de mis palabras, que no conocen ni una puntada de sus propias familias.

Rebeca Chávez tiene que enjuagarse la mano antes de mencionar mi nombre en su artículo. A mí me importa CUBA, su pueblo, que es el mío. No los criterios ortográficos de la posmodernidad.

Tienen suerte de que yo nací en el seno de una familia que jamás se puso del lado de una administración.

Soy el único director de televisión que se negó a poner raperos en su programa mientras estuvieran prohibidos Los Aldeanos.

Panter está preso. Su madre murió. Cuando lo sacaron en Las Razones de Cuba, le dije en su cara a todo el que me encontré: «Eso es una farsa montada». Sin embargo, llegué a España, donde viven sus hijos, y ninguno de los opositores que se preocupan por los presos políticos sabía de su existencia. No salir en el periódico es lamentable.

¿Por qué los preocupados por la Libertad de Expresión no denuncian a los artistas e intelectuales que continúan apoyando la atrocidad y la corrupción? Ah, porque estudiamos en la ENA. Ah, porque somos inteligentes y Pasolini rompió las estructuras del género.

¿Dónde estaban los amigos de Orlando Cruzata cuando los intereses económicos corruptos de un viceministro de Cultura y los de RTV Comercial quisieron hacer su jugarreta y quitarle los Lucas? Dando muela con los falsos auditores. Entonces, el amiguito del fallecido general de división Eduardo Delgado, jefe de la DGI, salió diciendo que yo estaba loco porque rompí los papeles de los auditores en su cara.

¿Dónde estaban los amigos de Pablo Milanés cuando Silvio Rodríguez lo desprotegió y la jauría le fue encima hasta humillarlo?

¿Dónde estaban los amigos de Silvio Rodríguez cuando su hijo andaba por la calle, alcoholizado, y la mamá de Aldo lo curó en su casa?

¿Dónde estaban los amigos y familiares de Santiago Feliú cuando a su hijo le cerraron todas las puertas y solamente necesitaba un abrazo?

¿Dónde estaban los amigos de Jorge Fernández Era cuando le fueron encima DESDE EL PODER por la caricatura de Raúl Castro que acompañó su texto?

¿Dónde están los opositores que juran defender a Cuba mientras el gordito sapingo embajador de los Estados Unidos los visita y el Departamento de Estado favorece un lobby de intereses económicos que prioriza el capital por encima de las necesidades del pueblo?

¿Y las embajadas europeas hablando mierda en el Parlamento Europeo con ese tono de colonos mientras, por detrás, financian proyectos culturales y cinematográficos a los que no pueden acceder los jóvenes disidentes?

He visto llorar a jóvenes delante de una cámara por lo terrible que es un exilio dominado por la bajeza moral y ética de su prensa, la misma que antes los pintó como héroes.

Respétense, que me están llenando los cojones, y voy a virar esta tierra de una vez, porque antes de traicionarme, me sobran cojones para darme un balazo en la cabeza.

¿Cuántos de ustedes lo harán?

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