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El mambo y las incomprensiones del gremio musical cubano

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Por Alden González Díaz ()

Santiago de Cuba.- Si hay un género que con el paso del tiempo ha sido, como mínimo, incomprendido por el gremio musical cubano ese es el mambo. A día de hoy, las únicas referencias para las nuevas generaciones de músicos cubanos han estado en Pérez Prado mayoritariamente. Además, en alguito, muy «ito», de Beny Moré. De hecho, casi todo el cliché que se maneja en la chealdad de galas y graduaciones gira en torno a ‘Mambo No. 5’ y ‘Qué rico mambo’. Hay tanto «mambele»…

Es fatal que en la memoria emotiva del músico cubano promedio no haya nada de Machito, Cascarita, Casino de la Playa, Julio Cueva, Mariano Mercerón, José Curbelo, Arturo Núñez, Bebo Valdés, René Hernández, Anselmo Sacasas… Y solamente estoy mencionando exponentes mamberos del formato jazz band. Si algo bueno tuvo ese fenómeno musical fue variedad estilística.

El talento musical de todos esos grandes hizo que el mambo tuviera personalización y distinción, según quien lo ejecutara. Pero, en el caso de New York, donde el mambo fue tan rompedor e influyente, hay una marcada estilización. Esto hace que, a ojos (obviamente oídos) de los neomúsicos cubanos, eso no se considere mambo. Fíjese usted por donde andamos.

Y precisamente ese sonido mambero neoyorkino tiene un porcentaje enorme en el mejunje salsero que luego vino. Con Machito como eje, el sonido gira en torno a él y a su incidencia valiosa en la escena musical neoyorkina de todo ese tiempo previo al boom de la salsa. No se puede entender eso sin analizar el aporte imprescindible de René Hernández, Mario Bauzá, Chico O’Farrill y José Curbelo.

Posiciones divergentes, a veces

En el proceso de desmemoria del gremio musical nacional tiene un peso enorme el desconocimiento de la obra de Machito. De Machito hay para escribir demasiado, pero bastaría mencionar para marcar su legado e incidencia en eso que llevan tiempo llamando salsa. Los patrones que hoy se repiten miméticamente: cáscara en los cuerpos y contracampana en los montunos, forman parte de la «cocina» que implantó Machito con su sonido mambero.

Esas figuras percutivas aparecen por primera vez en grabaciones de Machito, ejecutadas por su timbalero Ubaldo Nieto. En la orquesta de Machito, al igual que en la Casino de la Playa o en Los Muchachos Pimienta de Mercerón, por ejemplo, el estilo percutivo estaba delineado con antelación a la explosión del mambo.

Si hay algo que influye mal en el acercamiento del gremio musical nacional al fenómeno salsero es el déficit de memoria emotiva respecto a los fenómenos que hicieron poderosa a nuestra música a nivel global. Estos fenómenos son, en la práctica, la salsa.

Ahí radica la diferencia, por ejemplo, entre Gilberto Santa Rosa y Genovevo Rancol (cantante de Los Zapoteros del Cujabo). Para Gilberto Santa Rosa fue importante escuchar en su formación a los Guaracheros de Oriente, Guillermo Portabales y un largo etcétera cubano. Mientras tanto, Genovevo ni siquiera sabe quien es Portabales.

Notas

1- En la foto que acompaña al post aparece la «cocina» de Machito: el bongosero José «Buyú» Mangual, Ubaldo Nieto en las pailas y Carlos Vidal en la tumbadora. También aparecen Machito, Graciela, Bobby Rodríguez en el contrabajo y René Hernández al piano.

El matancero Carlos Vidal y otro cubano, José Montesinos, fueron muy influyentes en lo que pasó con el concepto de acompañamiento en la percusión afrocubana en NY en esos años 40. Este servidor sería incapaz de decir quien creó los patrones, pero aparecen ambos por primera vez en grabaciones de Machito.

2- El timbalero de la Aragón desde su fundación en 1939 hasta 1981 fue Orestes Varona. Nada, por si acaso.

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