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Luisa Casati: la vida como una obra de arte

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Por Edi Libedinsky ()

La historia de la Marquesa Luisa Casati es un relato fascinante de excentricidad, arte y decadencia. Fue una mujer que no solo se convirtió en mecenas, sino en una obra de arte viviente.

Su vida fue un performance continuo, una búsqueda incesante de la belleza. Además, realizó una ruptura radical con las convenciones sociales de la belle époque y las décadas posteriores.

Orígenes y Fortuna

Nacida como Luisa Amman en Milán en 1881, provenía de una de las familias más ricas de Italia. Su padre era un exitoso magnate de la industria textil. Tras la temprana muerte de sus padres, Luisa y su hermana heredaron una inmensa fortuna que le garantizó una libertad económica sin límites.

A los 19 años, se casó con el marqués Camillo Casati Stampa di Soncino. Este matrimonio le dio un título nobiliario, una hija y, más tarde, el pretexto perfecto para vivir por separado.

La Musa de los Vanguardiastas

La marquesa Casati se convirtió en la musa y el pilar de los movimientos artísticos de principios del siglo XX. Atrajó a la élite intelectual y artística de Europa, incluyendo a los Futuristas, a los Dadaístas y a figuras como Gabriele d’Annunzio, con quien tuvo una apasionada aventura.

Su vida era una celebración del exceso. Se le veía en Venecia, su ciudad favorita, paseando por la Plaza de San Marcos con guepardos con correas de diamantes. Se dice que a veces los paseaba desnuda bajo un abrigo de piel, llevando solo un collar de perlas.

En sus fiestas, los sirvientes, a menudo vestidos de estatuas griegas, permanecían inmóviles mientras ella organizaba extravagantes cenas con temas surrealistas. Era la encarnación de la frase de d’Annunzio: «La vida debe ser vivida como una obra de arte».

La Obra de Arte en Vivo

La marquesa Casati no se limitaba a financiar a artistas; ella misma era la principal creación. Sus looks eran legendarios:

Maquillaje: Se maquillaba de manera dramática, con gruesas líneas de delineador negro que intensificaban sus grandes ojos verdes. Además, a menudo usaba gotas de belladona para dilatar sus pupilas.

Vestuario: Su vestuario era una mezcla de alta costura y excentricidad, con vestidos creados por artistas como Léon Bakst y Mariano Fortuny. Se la recuerda por sus elaborados tocados, sus vestidos transparentes y sus extravagantes abrigos de piel.

Puestas en escena: Sus apariciones públicas eran espectáculos teatrales. Una vez, en una fiesta, se presentó con un vestido de plumas de pavo real. Llevaba un tocado con una serpiente viva que se enroscaba en su cuello.

Los artistas, desde Giovanni Boldini hasta Man Ray, la retrataron incansablemente. Su figura alta y delgada, sus ojos penetrantes y su aura de misterio la convirtieron en el sujeto perfecto para capturar la vanguardia del arte y la moda.

El Final de la Decadencia

El estilo de vida de la marquesa, sin embargo, no era sostenible. A pesar de su inmensa fortuna, su gasto era aún mayor. Para la década de 1930, estaba ahogada en deudas. Se vio obligada a vender sus propiedades y sus amados objetos de arte en una subasta. Huyó a Londres para escapar de los acreedores.

Los últimos años de su vida fueron un triste contraste con su pasado glorioso. Murió en 1957, a los 76 años, en la pobreza y casi olvidada. Fue enterrada con un modesto atuendo negro y un par de pestañas postizas que había guardado de sus días de esplendor.

La marquesa Casati sigue siendo un ícono, un símbolo de la libertad personal. Representa la búsqueda desenfrenada de la belleza. Su vida fue un recordatorio de que, para algunos, el arte no es solo algo que se aprecia, sino algo que se vive en cada momento.

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