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Por Yeison Derulo
La Habana.- Desde marzo pasado, varios servicentros de La Habana han implementado la aplicación Ticket. Su promesa es organizar el caótico proceso de compra de combustible. Según las autoridades, esta medida surge como respuesta a las quejas populares. Sin embargo, la realidad demuestra que la aplicación ha generado nuevas tensiones y malentendidos.
El proceso de registro exige a los usuarios ingresar datos personales como nombre, carné de identidad, correo electrónico, número de teléfono y documentación del vehículo. La intención es clara: impedir el doble registro y garantizar una distribución equitativa del combustible. Pero lo que se presenta como un «perfeccionamiento» ha sido en la práctica una fuente de frustración y desconfianza.
Uno de los errores iniciales fue permitir registros paralelos en varios servicentros. Esto abrió las puertas a abusos y, como era de esperar, a indisciplinas. Esta falla del sistema —que ahora se le imputa a los propios usuarios— evidencia una implementación apresurada. Se realizó sin controles adecuados y sin una pedagogía clara. Quienes buscan abastecer sus vehículos solo desean hacerlo como pueden, en medio de la escasez.
La nueva medida, efectiva a partir del 1ro de agosto, exigirá que el número de circulación del vehículo coincida con el registrado en la plataforma. Es decir, habrá un cambio en las reglas del juego con efecto retroactivo. Esto penaliza, sin distinción, tanto al infractor como al ciudadano que actuó de buena fe en medio de un sistema confuso y errático.
La nota oficial se despide con una disculpa genérica. Además, ofrece una recomendación vacía de “seguir informándose por canales oficiales”. Actúan como si el problema fuera de comunicación y no de diseño institucional.
Una aplicación puede ser una solución moderna, sí. Pero cuando se impone sin claridad, sin transparencia, y sin asumir las propias deficiencias técnicas y logísticas, lo único que hace es modernizar el desorden. Y eso, en la Cuba de hoy, no se resuelve con más formularios ni con mejores modales. Se debe abordar con voluntad política real para acabar con la chapucería que sigue gobernando el acceso a lo más básico.