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Por Yoyo Malagón ()
Madrid.- Se acabó el martirio. Jude Bellingham, ese milagro inglés que llegó al Madrid para salvar partidos y corazones, se operará por fin de ese hombro izquierdo que lleva más de año y medio colgando de milagro y de cinta americana.
Cien partidos después de aquella luxación contra el Rayo Vallecano —en la que se rompió el hombro pero no la terquedad—, el reloj le ha dicho basta. Dos o tres meses de baja. Hasta diez partidos perdidos. Un precio barato para dejar de jugar como si cada pase fuera un código morse de dolor .
Operarse es ganar. Primero, salud: Jude podrá volver a dormir de lado, abrazar a su familia sin que le cruja la clavícula y celebrar goles sin que parezca un muñeco de cera en un terremoto.
Segundo, fútbol: sin ese hombro fantasma, recuperará el 100% de su juego aéreo, esos remates que ahora esquiva como si el balón fuera una piedra. Y tercero, futuro: a sus 22 años, su cuerpo no es un traje de usar y tirar. El Madrid no necesita un héroe cojo, necesita un Bellingham para una década .
Perder a Jude hasta noviembre es como quitarle el motor a un Ferrari. Sin él, el equipo pierde a uno de sus mejores jugadores, su líder moral y ese imán que convierte los balones perdidos en ocasiones de oro.
Xabi Alonso tendrá que improvisar: ¿Valverde de ’10’? ¿Güler como salvavidas? ¿Tal vez Dani Ceballos tocado por una varita mágica? Son parches temporales para un jugador que era el pegamento de todo el sistema .
Jude ha jugado más lesionado que muchos futbolistas sanos. 86 partidos con el Madrid y 14 con Inglaterra, todos con ese hombro que se le salía del sitio como un mueble de Ikea mal montado. Lo hizo por el club, por su selección y por esa obsesión de los cracks que confunden el dolor con la debilidad. Pero hasta los superhombres tienen un límite. Su frase tras el Mundial de Clubes lo decía todo: «Ya quiero sentirme libre». Como si llevara meses jugando con una mochila de plomo .
La cirugía no es un trámite. Un hombro mal curado puede convertir regates en tormentos y choques en pesadillas. El Madrid conoce el caso de Hazard, ese fichaje que llegó estrella y se fue en una camilla. Pero Bellingham no es Hazard: es un animal de competición que ha demostrado que su cabeza vale más que su físico. Si alguien puede volver más fuerte, es él. Aunque la duda siempre estará ahí, como un marcador en contra en el minuto 85 .
Tres meses sin Jude serán largos. Pero mejor tres meses ahora que tres años después. El Madrid no está comprando un jugador, está protegiendo una inversión de 100 millones. Y Bellingham no está perdiendo tiempo, está ganando futuro. Cuando vuelva, con el hombro como nuevo y esa sonrisa de quien sabe que lo peor ya pasó, el Bernabéu le cantará como al que regresa de la guerra. Porque algunos jugadores son cracks. Y otros, como Jude, son de los que escriben leyendas .