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Por Joel Fonte ()

La Habana.- Las personas conviven en sociedades, en conglomerados humanos, y esa cohabitación exige fórmulas para canalizar intereses económicos, sociales, culturales, religiosos… intereses políticos.

De tal suerte, los individuos se agrupan en estructuras, en organizaciones, a través de las cuales buscan promover e imponer esos intereses. Se agrupan en partidos políticos o similares.

En esa lucha, que implica necesarias contradicciones con intereses distintos, en esa diversidad, crece la sociedad, la nación que conforman.

Las ideologías que niegan esa tesis, las que promueven regímenes unipersonales, autoritarios, no responden a la máxima del interés colectivo, sino a fines antidemocráticos, a la imposición de dictaduras.

Por su propia estructura, contenido y funcionamiento, tales sistemas están caracterizados por profundos vicios, como la corrupción, la desigualdad, la pobreza, la represión política y la ausencia de libertades para los gobernados.

Más de seis décadas de dictadura

Los cubanos hemos sufrido un régimen así por más de seis largas décadas.

El castrismo llegó a Cuba y se impuso como consecuencia del descontento social en una República que si bien tenía instituciones de derecho, pluripartidismo y otros rasgos propios de una estructura democrática, había sido secuestrada por la dictadura que impuso Batista tras el golpe de Estado.

Era una sociedad, una democracia joven, que solo unas décadas antes se había sacudido la Enmienda Platt, y comenzaba apenas a entender la libertad.

Pero se la dejó arrebatar seducida por la megalomanía edulcorada del tirano en ciernes que era Castro.

Hoy resulta claro para los cubanos el imprescindible retorno a esa pluralidad política, a esa diversidad de ideas.El retorno a un modelo que refleje todas las contradicciones de la Cuba actual y, a la vez, sus posibilidades de cohabitar con tolerancia hacia un país y una nación mejores.

¡No más dictadura en Cuba!

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