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Por José Walter Mondelo ()
La Habana.- Hoy cumpliría 104 años Ray Bradbury, una de las cumbres de la literatura de ciencia-ficción y fantasía del siglo XX.
Desde pequeño, Bradbury se forjó como ávido lector; frecuentaba bibliotecas, cines y ferias. Fue en una de éstas donde Bradbury enfrentó una especie de rito iniciático que determinaría su vocación literaria. Cuenta que un mago llamado Mr. Eléctrico, con su espada y al grito de ¡Vive para siempre!, lo nombró caballero. A partir de ese momento, Ray Bradbury comenzó a escribir. Pasó poco tiempo desde ese llamado para que se impusiera una tarea de teclear alrededor de mil palabras diarias.
Prolífico autor de cientos de historias cortas y cerca de cincuenta libros, así como numerosos poemas, ensayos, óperas, obras de teatro y guiones, escribió hasta el final de su vida. Sus obras innovadoras incluyen Fahrenheit 451, Crónicas marcianas, El hombre ilustrado, Ahora y siempre, y El vino del estío. Autor de Crónicas Marcianas, Fahrenheit 451, El hombre ilustrado y El vino del estío, exploró en su obra no tanto la tecnología del futuro, sino las eternas preguntas metafísicas de la humanidad, con un halo poético y un cierto romanticismo.
En sus últimos años también dio conferencias en universidades, escribió guiones para programas de televisión y películas y formó una familia con su esposa Marguerite. Ganó numerosos premios por sus libros y guiones, incluido un Premio Pulitzer en 2007. También fue nominado para un premio de la academia, ganó un Emmy y una Medalla Nacional del Libro por su trayectoria.
«En el mundo de la ciencia ficción, la fantasía y la imaginación, él es inmortal.» – Steven Spielberg.
Aquí algunas de sus maravillosas ideas.
– Actuar sin saber te lleva directamente al precipicio.
-Lo que funda toda escritura es el amor, es hacer lo que amamos y amar lo que hacemos. Y olvidarse del dinero.
-En verdad la ciencia no es más que la investigación de un milagro inexplicable, y el arte, la interpretación de ese milagro.
-No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe.
-Es bueno renovar nuestra capacidad de asombro. Los viajes interplanetarios nos han devuelto a la infancia.
-¿Comprende ahora por qué los libros son temidos y odiados? Revelan poros en la cara de la vida. La gente cómoda sólo quiere ver rostros de cera, sin poros, sin vello, inexpresivos.
– El mejor científico está abierto a la experiencia, y esta empieza con un romance, es decir, la idea de que todo es posible.
-Puede que los libros nos saquen un poco de esta oscuridad. Quizá eviten que cometamos los mismos condenados y disparatados errores.
-Nunca he escuchado a nadie que criticara mi gusto por los viajes espaciales, los espectáculos secundarios o los gorilas. Cuando esto ocurre, empaco mis dinosaurios y salgo de la habitación.
-¿Y qué se aprende escribiendo? preguntarán ustedes. Primero y principal, uno recuerda que está vivo y que eso es un privilegio, no un derecho.
-La ciencia ficción te balancea en el acantilado. La fantasía te empuja.
-El automóvil es el arma más peligrosa de nuestra sociedad: los coches matan más que las guerras.
-La magia reside solamente en aquello que los libros dicen; en cómo cosen los harapos del universo para darnos una nueva vestidura.
-Los buenos escritores tocan a menudo la vida. Los mediocres la rozan rápidamente. Los malos la violan y la abandonan a las moscas.
– Hay solo dos cosas con las que uno se puede acostar: una persona y un libro.
-Sin bibliotecas, ¿que nos quedaría? no tendríamos pasado ni futuro.
-Somos una imposibilidad en un universo imposible.
-Tienes que saber como aceptar el rechazo y como rechazar la aceptación.
-Y el amor está unido al humor, ¿no es cierto? Pues no se puede amar a alguien si no se está dispuesto a aguantarlo. Y no se puede aguantar constantemente a alguien sin reírse de él, ¿no es verdad?
-Escribir es una forma de supervivencia. Cualquier arte, cualquier trabajo bien hecho lo es, por supuesto.
-Uno debe inventarse a sí mismo todos los días y no sentarse a ver cómo el mundo pasa allí adelante, sin que uno participe.
-Las estrellas son tuyas, si tienes la cabeza, las manos y el corazón para ellas.
-Los libros están para recordarnos lo tontos y estúpidos que somos. Son la guardia pretoriana de César, susurrando mientras tiene lugar el desfile por la avenida: «Recuerda, César, eres mortal.»
-Bueno, al fin y al cabo, esta es la era del tejido desechable. Tratamos a la gente como si fueran pañuelos de papel. Los estrujamos después de utilizarlos, los tiramos, cogemos otro, nos sonamos, lo estrujamos, lo tiramos.
-Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía mi abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí.