LOS PINOS NUEVOS

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Por Mkc Cerralvo ()

Santa Clara.- Me encontré un amigo, y al preguntarle por sus nietas me comentó que una se había ido recientemente y la otra está en espera. Ambas son universitarias, muy buenas muchachas, inteligentes y preparadas.

He visto por programas de ciencia en la TV, donde se habla de la importancia de los ciclones, su utilidad para naturaleza, para los bosques, para la evolución.

Que, aunque parezca que destruyen un bosque, lo que hacen es acabar con los arboles viejos, los enfermos, los secos, que con su follaje no dejan llegar bien la luz a los arbustos, y con su espacio ocupan gran parte del bosque, adueñándose de suelo con sus viejas raíces, haciéndole a toda esta nueva flora muy difícil su crecimiento y desarrollo.

Pero al pasar el ciclón, todos estos árboles más viejos, más secos y muchos ya enfermos pueden caer, dejándole el terreno, el espacio y el cielo a los nuevos arbustos.

Así estos jóvenes árboles pueden crecer mejor, con más fuerza, adueñarse del sol y volver a poblar el bosque ahora rejuvenecido, más verde, más lleno de vida y oxígeno, para el bien del mismo bosque y de toda su fauna, es el ciclo de la vida.

Acá nuestra sociedad desde hace un tiempo está viviendo también un ciclón, pero este, a diferencia de ese necesario para el bosque y para la sociedad, que arranque y se lleve lo viejo, lo arcaico, lo obsoleto, lo “enfermo”, y dejar ese necesario espacio para los jóvenes, que tanto necesita la sociedad, para que la renueven, para que la pueblen, que la llenen de sus ideas, de su energía y de su pasión de adolescente.

Acá el ciclón está haciendo todo lo contrario, y se está llevando precisamente a esos arbustos, a esos jóvenes, a ese futuro bosque. Y está dejando a un bosque enfermo, lleno de árboles viejos que no quieren caer, ni dejar el suelo, ni dejar llegar la luz a los nuevos.

Ese ciclón se está llevando cada posible futuro del bosque y cada necesaria renovación.

Se está quedando el bosque de hace tantos años sin cambios, con los mismos viejos árboles que no dan mucho más, sin la necesaria renovación, y sin un futuro.

Creo que, cuando por ley de la vida, se seque el último árbol de nuestro bosque y finalmente caiga, solo quedará desierto, y tardará mucho la naturaleza en volver a hacer el bosque, porque esos mismos viejos árboles, con su tozudez no dejaron ni un arbusto, ni un futuro, y sólo malas hierbas, que harán cada vez más difícil la recuperación.