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Por Jorge Sotero

Mariel, Artemisa.- La Zona Especial de Desarrollo de Mariel celebrará en noviembre su decimotercer aniversario con una feria comercial destinada a atraer inversión extranjera. Más de 55 usuarios y cerca de 200 expositores se reunirán en el complejo Morro-Cabaña bajo el lema de una supuesta «puerta abierta al mundo».

La consigna llega en uno de los peores momentos para la economía cubana, con empresas extranjeras abandonando el país y una crisis que no parece encontrar freno.

El problema de Mariel no está en organizar ferias ni en repetir discursos sobre incentivos. El verdadero problema está en convencer a alguien de poner su dinero en un país donde las reglas cambian, las sanciones aumentan y la economía lleva años en caída libre.

Desde mayo han salido de Cuba inversionistas importantes, navieras, entidades financieras y cadenas hoteleras internacionales. Una feria de dos días difícilmente podrá maquillar ese escenario.

Cuba acumula entre 2020 y 2025 una contracción superior al 15 %, una cifra que retrata la magnitud del desastre. La CEPAL prevé para 2026 una caída del 10,3 % del Producto Interior Bruto, la peor contracción de América Latina.

Las sanciones estadounidenses tienen un peso evidente en esta realidad, aunque resulta imposible ignorar el fracaso de las políticas económicas y monetarias aplicadas dentro de la isla.

Mariel nació como el gran proyecto para traer capital extranjero y conectar a Cuba con el comercio internacional. Trece años después, celebra su aniversario intentando atraer inversionistas en un país del que muchos están saliendo.

La pregunta es sencilla: ¿quién querrá apostar millones en una economía que se encoge, pierde socios y no logra ofrecer señales claras de estabilidad? Esa respuesta vale mucho más que cualquier exposición comercial.

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