La leña como logro revolucionario: el nuevo récord de la Universidad de Oriente

Escuchar este artículo
Audio en proceso de generación.

Por Elier Vicet ()

Santiago de Cuba.- Resulta que la Universidad de Oriente, ese templo del saber donde se forman los futuros profesionales de Cuba, acaba de anunciar en sus redes sociales —con bombos, platillos y emojis de fuego— la inauguración de una «novedosa cocina alternativa» que funciona, agárrense, ¡a base de leña! Sí, leyeron bien. Leña. Esa misma que usaban los taínos, los romanos y la humanidad entera antes de que alguien inventara la electricidad, el gas o cualquier otra forma de energía que no implique talar un árbol y prenderle candela. Pero claro, en la Cuba de hoy, eso no es un retroceso de siglos: es una «iniciativa», un «logro», una «demostración de creatividad e ingenio». Que alguien avise al premio Nobel.

Las autoridades universitarias, con esa cara de quien descubre la rueda, presentan la cocina como una respuesta «a las limitaciones impuestas por el embargo estadounidense». Porque, como todos sabemos, el embargo tiene la culpa de que en Cuba no haya gas, no haya electricidad, no haya carbón asequible y no haya otra cosa que leña para cocinar. El embargo también tiene la culpa de que los apagones duren veinte horas, de que las cocinas eléctricas sean un adorno, de que el gas licuado llegue cuando le da la gana y de que el carbón, que sí existe, cueste como si fuera oro. Pero no importa: si el estudiante cocina con leña, la culpa es de Washington. Si el estudiante come arroz con gorgojos, la culpa es del imperialismo. Si el estudiante se desmaya en clase por falta de comida, la culpa es del bloqueo. La lógica es impecable: cuanto peor estamos, más razón tiene la Revolución.

La leña como logro revolucionario: el nuevo récord de la Universidad de Oriente

La maquinaria propagandística trabaja duro

¿Desde cuándo cocinar con leña, por necesidad y ante la falta de recursos, se convierte en un logro de la educación superior? ¿Desde cuándo encender un fogón en el patio de una universidad es motivo de orgullo nacional? ¿Desde cuándo la precariedad se celebra como si fuera un avance científico? Lo que debería ser una solución de emergencia ante la crisis —y una vergüenza para cualquier gobierno que se precie— termina presentado como una victoria frente al «imperialismo». Una vez más, la maquinaria propagandística del régimen intenta transformar las carencias en virtudes, la miseria en heroísmo y la precariedad en motivo de celebración. Es el mismo truco de siempre: si no tienes, presume de que no necesitas. Si te falta, di que lo haces por convicción. Si te hundes, grita que estás más alto que nunca.

Mientras tanto, los estudiantes cubanos merecen mucho más que discursos políticos y cocinas improvisadas. Merecen alimentación adecuada, instalaciones dignas y condiciones que les permitan concentrarse en sus estudios, sin que la supervivencia cotidiana se convierta en otro desafío. Merecen una universidad que les enseñe a pensar, no a sobrevivir. Merecen laboratorios con reactivos, bibliotecas con libros, aulas con ventiladores, comedores con comida de verdad, no un fogón de leña que huele a siglo XIX y a propaganda barata. Pero eso no sale en las redes sociales. Eso no da titular. Eso no se puede presentar como «logro revolucionario».

La leña como logro revolucionario: el nuevo récord de la Universidad de Oriente

El cubano es ingenioso a la fuerza

La creatividad no está en discusión. El ingenio de los cubanos para salir adelante en medio de las dificultades es innegable. Lo cuestionable es que la capacidad del pueblo para resistir se utilice como propaganda para justificar una crisis que lleva décadas golpeando a Cuba. Lo cuestionable es que se celebre que un estudiante cocine con leña en lugar de indignarse porque no tiene gas. Lo cuestionable es que se convierta la resistencia en virtud y la resignación en patriotismo. El cubano es ingenioso porque no le queda otra. No porque el gobierno se lo haya enseñado. No porque la Revolución se lo haya inculcado. Es ingenioso a pesar del gobierno, no gracias a él.

En la Cuba del régimen castrista, hasta cocinar con leña puede convertirse en un «logro revolucionario». Cuando la escasez se normaliza, la propaganda se encarga de venderla como una hazaña. Cuando la miseria se institucionaliza, los medios oficiales la disfrazan de creatividad. Cuando el pueblo se muere de hambre, los voceros del sistema le dicen que está comiendo mejor que nunca. Y así, entre fogones de leña, apagones eternos, ollas vacías y discursos interminables, la Revolución sigue celebrando sus «triunfos». El próximo logro, seguro, será inaugurar una «novedosa cocina alternativa» a base de piedras y paciencia. Y habrá quien lo aplauda. Porque en Cuba, hasta la vergüenza se ha convertido en motivo de orgullo.

Comparte esta noticia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *