Kroos quiere banquillo: el arquitecto que ahora sueña con dirigir la obra

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Por Yoyo Malagón ()

Madrid.- Lo adelantó AS y no es ninguna sorpresa: Toni Kroos ha hecho llegar a la Real Federación Española de Fútbol que está interesado en formar parte del curso de entrenadores reservado a futbolistas profesionales. El alemán, que colgó las botas en 2024 tras una década gloriosa en el Real Madrid, quiere volver al ruedo. Pero no como comentarista, no como embajador de marca, no como leyenda de salón. Quiere banquillo. Quiere pizarra. Quiere volver a sentir eso que solo se siente cuando estás dentro, cuando el juego te reclama y tú respondes. Y aunque parezca mentira, este hombre que lo ganó todo como jugador quiere empezar de cero. Paso a paso, dice. Como si él hubiera hecho algo alguna vez paso a paso.

Porque Kroos no ha sido nunca un hombre de prisas. Llegó al Real Madrid en 2014 con 24 años, procedente del Bayern, y se marchó diez años después con 34, habiendo ganado cinco Champions, cuatro Ligas, una Copa del Rey y un sinfín de títulos más. Se fue cuando quiso, como quiso y donde quiso. No le debía nada a nadie. Y ahora, dos años después de su retirada, resulta que el hombre que parecía destinado a vivir tranquilo en su academia de Boadilla del Monte, formando a niños y disfrutando de la vida, mira el banquillo con ojos de entrenador. No es una casualidad. Es una pulsión. Es el gusanillo que no se va, que no se apaga, que te recuerda que el fútbol no es solo un trabajo: es una droga.

El Real Madrid, mientras tanto, sigue esperando. Florentino Pérez quiso que Kroos volviera a Valdebebas (https://as.com/futbol/videos/la-brutal-confesion-de-davide-ancelotti-que-demuestra-lo-que-significaba-kroos-en-el-real-madrid-madridistas-escuchen-f202610-v/) a diario, no de visita esporádica, no de vez en cuando. Quería al alemán dentro de la estructura, cerca de los que mandan, aportando su visión y su experiencia. José Ángel Sánchez habló con él, se tendieron puentes, se buscaron espacios. Pero no era el momento. Ninguna de las dos partes quería una vuelta porque sí, una vuelta de cartón piedra, una vuelta para la foto. Y la posibilidad sigue abierta, dicen. La complicidad es total. Ese encuentro llegará, aseguran. Pero llegará cuando tenga que llegar, no cuando lo pida la nostalgia.

El camino del aprendiz

Mientras eso ocurre, Kroos sigue con su academia, esa que puso en marcha en Boadilla y que le permite seguir vinculado al fútbol de otra manera. Ayudar a la formación de los más jóvenes, verlos crecer, corregir sus errores, enseñarles lo que él aprendió en quince años de élite. Es un trabajo noble, discreto, sin focos ni cámaras. Pero no es suficiente. Porque una cosa es enseñar a niños y otra muy distinta es dirigir a profesionales. Y Kroos lo sabe. Por eso quiere el curso, por eso quiere la licencia, por eso quiere estar preparado cuando llegue la oportunidad.

Con el título de entrenador validado hasta la tercera categoría, Kroos podría dirigir a un equipo en Primera Federación. Pero quiere ir paso a paso. Quiere hacer las cosas bien, sin atajos, sin saltarse etapas. Ya ha hecho llegar a la RFEF su interés por el curso reservado a futbolistas profesionales que tendrá lugar la temporada 27-28. El de esta temporada no está habilitado para la élite, porque la UEFA solo permite veinte plazas por campaña. Superarlo significa tener la licencia A, esa que habilita para entrenar a equipos de cualquier categoría. Con el reconocimiento que tiene ahora, Kroos podría sentarse en un banquillo como ayudante, pero nunca como primer entrenador en Primera ni en Segunda. Y él quiere ser el jefe. Quiere mandar. Quiere decidir.

Y no me extraña. Un hombre que durante toda su carrera fue el cerebro del equipo, el que organizaba, el que distribuía, el que ponía el ritmo, no puede conformarse con ser segundo de nadie. Kroos no ha sido nunca un segundón. Fue el arquitecto del mediocampo más dominante de Europa, el socio perfecto de Modric, el jugador que hacía fácil lo difícil. Ahora quiere ser el arquitecto del banquillo. Quiere construir equipos, no solo jugadas. Quiere dejar su huella desde otro lugar. Y eso, se lo reconozco, tiene mérito. Porque podría quedarse en casa, cobrando millones por charlas y homenajes, y en cambio elige el camino difícil. El camino del que empieza de nuevo. El camino del que se pone a estudiar a los 36 años para sacarse un título que no le garantiza nada.

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