
El hombre que llamó primero
Por Rafa Junco ()
Madrid.- Un ingeniero soviético de 28 años presentó en 1957 un teléfono para llamar desde un auto, un campo abierto o la orilla de un río. Sin cables. Conectado a la red telefónica de la ciudad. Dieciséis años antes de que Motorola hiciera su famosa primera llamada.
Se llamaba Leonid Kupriyanovich. Había estudiado radioelectrónica en la Universidad Técnica Bauman de Moscú y trabajaba en un instituto de acceso restringido. En su tiempo libre construía aparatos pequeños de comunicación. El suyo se llamó LK-1.
Dos antenas, disco giratorio para marcar, batería de 20 a 30 horas, tres kilos de peso y un alcance de 20 a 30 kilómetros. Funcionaba con una estación de radio automática enganchada a la red telefónica. En una época en que llamar era quedarse pegado a un cable, aquello era ciencia ficción con tornillos.
De tres kilogramos a 70 gramos
En 1958 sacó el LK-2: 500 gramos. Fácil de llevar, misma conexión. En 1961 llegó el LK-3: 70 gramos, del tamaño de la palma de la mano. La prensa soviética anunció planes para fabricarlos y montar estaciones con cobertura en Moscú. Los noticieros mostraban llamadas desde autos en movimiento. Todo el mundo quería creer.
Pero la red pública nunca llegó. El problema no era la idea, era la infraestructura: hacían falta estaciones especiales, capacidad para muchas llamadas a la vez y dinero para construir todo eso. Mientras tanto, la URSS avanzó con otro sistema, el Altái, instalado sobre todo en autos oficiales. Los aparatos de Kupriyanovich desaparecieron de las revistas.
Él terminó investigando dispositivos electrónicos para el sueño y la vigilia. Murió en 1996. Sus prototipos quedaron en fotos: un hombre con un disco giratorio haciendo algo que hoy hacemos sin pensar. Sacar un teléfono, marcar y hablar desde donde sea. El invento funcionó como experimento. La revolución comercial que imaginó tuvo que esperar.



















