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Por Ramón Muñoz Yanes ()

Lo que hace estruendo en esta vida, habitualmente es dañino. Lo maravilloso se viste de silencios. Con toda seguridad has escuchado el silbido del viento durante el huracán, pero el de la brisa que refresca el mediodía y acaricia las sienes, besando el alma, es callado, casi tan poderoso y silencioso a la vez, como la mirada de quien ama.

Puedes escuchar la caída estrepitosa de un árbol, sin embargo no le escuchas crecer. Los ancianos griegos lo sabían, la fuerza grita, la razón, habla.

Preparo mi rincón árabe, un sofá de piso, libros y un buen té. La habitación la pinté de color arena y si aparto la cortina, en lontananza las montañas dan masaje a mis pupilas.

Termino preparativos y tras un baño, me regalo un filme del año 2000. «Pabellón de mujeres», un filme protagonizado por Willem Dafoe y Luo Yan. En la China de 1938, un sacerdote estadounidense dirige un orfanato en una apartada provincia china y comparte espacio con una dama china, amante del conocimiento. Una relación entre dos seres, enfrentados a toda tradición y que admiran la sabiduría, la belleza cotidiana. Les sugiero el filme, es maravilloso.

Hoy el mundo navega como lo ha hecho siempre, a través de almas humanas, unas viven como fantasmas pendientes del oropel, otras en cambio, se mantienen con el silencio de las flores a salvo de las bajas pasiones humanas, son la élite oculta de la humanidad, los que piensan.

Hace un tiempo alguien explicaba la diferencia entre querer y amar, lo hacía con una flor del parque, el que la quiere la arranca, el que la ama pasa junto a ella a regarla a diario, ahí radica todo el sentido de la vida.

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