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Por Yeison Derulo

Bayamo.- Lo que está circulando desde Bayamo es de una gravedad enorme. Varias personas aseguran que Samanda Pérez, una joven de apenas 18 años, estaría desaparecida y que existiría una exigencia de miles de dólares para devolverla con vida. Hasta este momento, la información no ha sido confirmada por el oficialismo, y precisamente esa incertidumbre convierte el asunto en algo todavía más delicado.

Cuba vive una crisis de seguridad, desesperación y silencio que ya resulta imposible esconder debajo de una Mesa Redonda. Si esta denuncia llegara a confirmarse, estaríamos ante un hecho aterrador que marcaría un nuevo nivel dentro de la tragedia nacional. Una familia sufriendo, una muchacha de 18 años en paradero desconocido y una ciudad entera pendiente de una noticia que nadie quisiera recibir.

Lo más preocupante es que los cubanos hemos llegado al punto de enterarnos de situaciones tan graves mediante llamadas, mensajes y publicaciones en redes sociales. La falta de información oficial creíble deja espacio para rumores, angustia y versiones contradictorias. Cuando las instituciones pierden la confianza de la gente, cada noticia dolorosa termina creciendo en medio de un país donde nadie sabe a quién acudir.

Bayamo conoce demasiado bien el sufrimiento. Una ciudad histórica, golpeada por la pobreza y el abandono, no merece sumar ahora el miedo de que sus jóvenes puedan desaparecer sin que exista una respuesta inmediata y transparente. Las autoridades tienen la obligación de esclarecer cualquier denuncia de esta naturaleza y proteger a una familia que, si los hechos son ciertos, estaría viviendo una pesadilla.

Por ahora, lo responsable es mantener la cautela y exigir claridad. La vida de Samanda Pérez vale demasiado para convertir esta denuncia en un simple rumor de redes sociales. Si existe una joven en peligro, cada minuto cuenta. Cuba no necesita más oscuridad, más silencio ni más familias destrozadas por la incertidumbre. Necesita respuestas, seguridad y verdad.

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