
La perra espacial que terminó viviendo en la Casa Blanca
Por Rafa Junco ()
Madrid.- El 19 de agosto de 1960, dos perras llamadas Belka y Strelka despegaron a bordo del Sputnik 5. Durante unas 24 horas dieron 17 vueltas alrededor de la Tierra y al día siguiente regresaron vivas, algo que no había logrado Laika en 1957. Aquella misión fue un paso decisivo para los vuelos tripulados, y sus protagonistas caninas se convirtieron en celebridades del programa espacial soviético. Meses después, Strelka tuvo seis cachorros. Una de las crías recibió el nombre de Pushinka, una palabra rusa que puede traducirse como «esponjosa».
En junio de 1961, tras el encuentro entre Kennedy y Jrushchov en Viena, el dirigente soviético decidió enviar a Pushinka como regalo a la pequeña Caroline Kennedy. El gesto ocurría en plena Guerra Fría, cuando ambas potencias competían por conquistar el espacio y la desconfianza era la norma. La procedencia del animal despertó sospechas entre los servicios de seguridad estadounidenses: antes de instalarse con la familia presidencial, la perrita fue examinada para descartar que ocultara dispositivos de espionaje. La revisión terminó sin encontrar amenazas.
Cuatro cachorros en el césped
El 21 de junio de 1961, Kennedy escribió personalmente a Jrushchov para agradecerle el regalo. En la carta hizo una comparación curiosa: el viaje de Pushinka desde la Unión Soviética hasta Estados Unidos había sido mucho menos espectacular que el de su madre, aunque también había recorrido una distancia considerable. La perrita se instaló con la familia y pronto encontró compañía: Charlie, un terrier galés que pertenecía a Caroline. Los dos animales terminaron teniendo cuatro cachorros en 1963.

Los pequeños recibieron los nombres de Butterfly, White Tips, Blackie y Streaker. Kennedy comenzó a llamarlos cariñosamente «pupniks», una combinación de la palabra inglesa para cachorro y el nombre Sputnik, utilizado por los satélites soviéticos. El fotógrafo presidencial Cecil Stoughton los retrató junto a Pushinka sobre el césped de la Casa Blanca. La imagen muestra a la madre, de pelaje blanco, rodeada por sus cuatro crías oscuras.
La noticia provocó una reacción inesperada. Miles de estadounidenses escribieron a la residencia presidencial preguntando si podían adoptar alguno de los cachorros. Jacqueline Kennedy participó en la selección de los destinatarios. Butterfly fue entregado a Karen House, una niña de diez años de Illinois. Streaker terminó con Mark Bruce, un niño de nueve años de Misuri que había perdido a su perro anterior. Los otros dos cachorros permanecieron un tiempo con la familia Kennedy antes de ser entregados a personas cercanas.
La historia había comenzado en una cápsula soviética que orbitó la Tierra en 1960. Tres años después, cuatro descendientes de aquella perra espacial nacieron en la residencia del presidente de Estados Unidos. Dos terminaron viviendo con niños estadounidenses que habían escrito a la Casa Blanca para pedirlos. Entre la carrera espacial y la Guerra Fría, una perra blanca llamada Pushinka hizo algo que ningún tratado logró en aquel momento: circular de Moscú a Washington sin levantar demasiadas sospechas, y dejar detrás de sí una camada de cachorros que los estadounidenses se disputaron.



















