
Villa Clara se autoabastecerá de arroz en 2028, según la dictadura
Por Jorge Sotero
Santa Clara.- Si uno se deja llevar por los discursos del régimen, en Villa Clara hay arroz para repartir, frijoles en camino y un futuro agrícola tan maravilloso que hasta el propio Salvador Valdés Mesa debe estar pensando en llevarse un saco para la casa.
El vicepresidente cubano acaba de presentar a la provincia central del país como ejemplo nacional en la producción arrocera, con más de 30 mil toneladas de arroz cáscara húmeda y unas 14 mil toneladas listas para el consumo. ¡Tremenda abundancia, señores!
A este paso, los cubanos vamos a terminar comiendo arroz hasta por las orejas. El pequeño detalle es que una cifra anunciada en una reunión gubernamental no llena por sí sola la olla de nadie. En Cuba llevamos tantos años escuchando promesas alimentarias que ya uno no sabe si los funcionarios están hablando de la despensa nacional o de un país imaginario donde los productos aparecen por arte de magia.
Lo más simpático de esta historia es que ahora prometen sembrar no menos de 15 mil hectáreas en 2027 y alcanzar el autoabastecimiento arrocero en 2028. ¡Apunten la fecha en el calendario! Si todo sale según el libreto oficial, dentro de dos años Villa Clara será una potencia del arroz, una especie de California caribeña con tractores, cosechadoras y campesinos felices.
El problema es que en esta isla los planes agrícolas suelen tener una salud envidiable sobre el papel y una vida bastante complicada cuando llegan al surco. Faltan recursos, combustible, maquinaria y condiciones para producir con eficiencia. Después aparecen los funcionarios con sus discursos optimistas, se felicitan unos a otros y regresan a sus oficinas convencidos de que han salvado la agricultura nacional. El cubano de a pie, por su parte, sigue haciendo cuentas para ver si puede comprar un poco de arroz sin dejar medio salario en el intento.
Con los frijoles la película también promete emociones fuertes. Según el delegado provincial de la Agricultura, hay más de ocho mil hectáreas destinadas a la siembra durante la campaña de frío, aunque la disponibilidad de semillas y las variedades constituyen obstáculos importantes. Traducido al idioma de la calle, tienen tierra, tienen planes y tienen funcionarios reunidos, aunque todavía falta resolver cuestiones elementales para que la cosecha llegue a buen puerto.
Valdés Mesa también pidió sembrar más maíz y soja para impulsar la producción porcina. Dentro de poco, a este paso, van a descubrir que los puercos necesitan comida, los campesinos necesitan herramientas y las cosechas no se recogen con consignas del Partido. Lo verdaderamente revolucionario sería dejar producir a la gente, pagarle de manera justa y quitarle de encima esa montaña de trabas burocráticas que convierte cada iniciativa privada en una carrera de obstáculos.
La frase más reveladora del vicepresidente fue su defensa de la intervención gubernamental ante los precios especulativos. Ahí está el viejo reflejo de siempre: cuando la economía no funciona, el culpable termina siendo el mercado; cuando falta comida, aparecen las reuniones; cuando los precios suben, prometen intervenir.
El Estado lleva décadas controlando buena parte de la actividad económica y todavía pretende presentarse ante los cubanos con el disfraz de salvador. Nadie niega que Villa Clara pueda producir más arroz y frijoles. Lo que resulta difícil de creer es que los mismos dirigentes responsables del desastre alimentario vayan a resolverlo con otra ronda de discursos, fechas futuras y felicitaciones mutuas.
Cuba necesita producción real, libertad para los campesinos, inversiones y reglas claras, no una competencia de funcionarios para ver quién anuncia la cosecha más espectacular. Cuando el arroz esté en la mesa y los frijoles sean asequibles para una familia trabajadora, entonces podrán celebrar. Hasta ese día, la abundancia de Villa Clara seguirá siendo extraordinaria en las reuniones del Gobierno y bastante menos visible en la cocina del cubano.



















