
Cuba: memoria, verdad y vida
Por Dagoberto Valdés Hernández (centroconvivencia.org)
Pinar del Río.- Reescribir la historia, borrar la verdadera memoria y vivir en la mentira, son tres de las muchas causas que ha provocado el totalitarismo en Cuba.
Por tanto, recuperar la memoria histórica y la verdad de todo lo que hemos vivido los cubanos, nuestros padres y nuestros abuelos, durante más de siete décadas contando las dos últimas dictaduras, no es solo un acto de justicia sino un deber cívico, una ofrenda a la libertad.
En efecto, cada cubano debería recordar y escribir su propia historia personal, no tienen que haber ocurrido hechos extraordinarios en su vida, lo extraordinario es precisamente haber vivido en esta Isla en estos casi tres cuartos de siglo desde 1952.
Contar nuestra vida a nuestros hijos y nietos es una tarea insoslayable. Que cada familia transmita a las nuevas generaciones el vía crucis que vivieron y viven nuestras familias desmembradas, enfrentadas, empobrecidas, exiliadas, lo que cada generación tuvo que sufrir, los fusilados, los ahogados en el mar, las largas condenas de cárcel extinguidas hasta el último día y después el exilio forzado, las violencias inducidas, los odios sembrados, las difamaciones impunes, los vergonzosos y deshumanizantes actos de repudio, las discriminaciones por causas políticas, económicas, sociales, religiosas, raciales, sexuales, artísticas, literarias, y nunca olvidar todo lo que hemos sufrido y lo que nos han reprimido, lo que nos han quitado, los que han muerto, lo que nos han dañado en nuestro interior, las enfermedades con que nos contagiaron el alma. Y jamás olvidar la causa de tanto sufrimiento para poder desterrarla de Cuba para siempre.
El reto de rescatar la historia verdadera
Pero el verdadero reto es hacer todo esto, y rescatar la verdadera historia, con verdad, con paz, sin amargura, sin odio, sin rencor, sin venganza. Porque repetir el mismo ciclo de odio, violencia, muerte y heridas del alma sería la peor derrota del pueblo cubano en toda su historia. Cuba quedaría otra vez encadenada a la causa del odio y de la muerte. Y eso no lo merecemos. Eso nunca más.
Tenemos ante nosotros la gesta heroica de vencer la mentira con la verdad, de vencer la violencia con la paz, de sanar el daño antropológico con la virtud, de ganarle al rencor con la justicia y el perdón, de superar el odio con el amor cívico, en fin, de “vencer el mal a fuerza de bien” (Romanos 12, 21).
Tengo la convicción de que:
Quien se deja vencer por el odio y la venganza, pierde.
Quien sirve a la mentira y a la muerte, pierde.
Quien borra la historia y olvida a las víctimas, pierde.
Quien burla a la justicia y oprime al inocente, pierde.
Todos estos pierden, aunque parezca hoy que ganan. Pierden su vida aunque ahora parezca que la gozan. Pierden el honor aunque ahora parezcan honorables. Pierden su paz interior aunque parezcan serenos. Pierden su estabilidad aunque ahora parezcan seguros. Al final, lo pierden todo. Pierden hasta el sentido y la razón de sus vidas. Son y serán los perdedores.
Al final, Cuba vivirá
Sin embargo, quienes ahora son víctimas serán los ganadores si no se dejan envenenar con el rencor, el odio y la venganza.
Quienes fueron borrados de la historia, serán recuperados por la memoria de Cuba.
Quienes fueron difamados con la mentira, serán iluminados por la verdad sobre Cuba.
Quienes fueron discriminados y desterrados al margen de esta historia, serán incluidos en el libro de la nueva Cuba.
Quienes murieron por la verdad y por la justicia, vivirán para siempre en la Cuba resucitada.
En fin, cada vez, creo más en lo que hace años le respondí, en una entrevista, a los ancianos padres de la entrevistadora, que me preguntaron, cuando yo era más joven: ¿qué significaba para mí aquella generación de los primeros que sufrieron toda esta historia desde los primeros años? Le respondí entonces: los veo como el fruto ve a la raíz. No hay fruto sin raíz.
Hoy puedo renovar aquella convicción agregando que todo fruto madura y se abre para poder ofrecer las semillas en la tierra nueva, porque en verdad toda semilla es herencia y continuidad de la raíz, que aunque sumida en la fecundidad del humus de la historia, sigue perpetuándose en cada nueva semilla de verdad, de justicia y de libertad que cae en la fértil tierra de la patria cubana.
Estoy seguro: Nada bueno se perderá. Nada será olvidado. Todo dará su fruto. Cuba vivirá.



















