¿Quién mejor que la masonería para hacer llegar la ayuda a quien realmente la necesita?

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Por Julia Jareño ()

Los masones tienen presencia en todo el territorio nacional y una larga tradición de fraternidad, solidaridad y labor filantrópica. Lo digo también desde mi propia experiencia: fui testigo de primera mano del trabajo solidario que realizan las logias y del apoyo que brindan a quienes más lo necesitan.

Por eso, me agrada la idea de que la Embajada de Estados Unidos valore la posibilidad de apoyarse en la masonería cubana para distribuir ayuda humanitaria. Su presencia en numerosas comunidades podría contribuir a que esa ayuda llegue directamente a las personas que atraviesan situaciones difíciles.

En un país donde tantas familias sufren la escasez y la incertidumbre, lo fundamental es que la ayuda cumpla su propósito: llegar a quienes más la necesitan, con transparencia, responsabilidad y sin que se pierda en el camino.

La fraternidad puede ayudar

La masonería cubana tiene una historia y una tradición que van mucho más allá de sus símbolos: fraternidad, solidaridad, caridad y servicio desinteresado al prójimo. Son principios que han guiado durante generaciones la labor de las logias y que hoy pueden cobrar especial importancia ante las necesidades del pueblo cubano.

Ojalá se reconozca el valor de esa tradición y se confíe en una institución que ha hecho de la ayuda al prójimo parte de su razón de ser. Porque la verdadera esencia de la masonería no está únicamente en sus templos ni en sus rituales, sino en los valores que sus miembros llevan a la práctica y en el bien que son capaces de hacer por los demás.

Que la fraternidad se traduzca en ayuda, que la solidaridad se convierta en hechos y que la tradición masónica siga demostrando que servir al prójimo es, ante todo, un compromiso que honra al ser humano.

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