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title: La bronca de los electrodomésticos
date: 2026-10-15T12:41:16Z
modified: 2026-10-15T12:41:16Z
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featured_image_alt: Una cocina cubana
author: Redacción
timestamp: 2026-10-15T12:41:16Z
tags:
  - Noticias de Cuba
  - Crisis y Abastecimiento
  - Política, Economía y Sociedad
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Por Joaquín Artiles ()

Santa Clara.- La noche estaba fresca y logré dormirme sin contratiempos. Andaba inmerso en un sueño donde yo era algo muy parecido a las acomodadoras de los cines de antaño. Me movía por pasillos oscuros, portando una linterna china, y señalaba dónde debían sentarse las personas.

Un ruido, como de bronca, me hizo despertar. Me apagaron la linterna y desperté en el cine Cubanacán segundos antes de comenzar la película. Dando tumbos llegué a la cocina y, sí, había una bronca entre los equipos electrodomésticos.

Quien más gritaba y gesticulaba era el fogón de carbón. El genio era grande. Cuando manoteaba, soltaba nubes negras que se veían a través de mi lámpara recargable (también china). Comprendí enseguida que el “vuele” del Mulato (así le decimos cariñosamente) era en defensa propia. Todos los equipos lo atacaban.

Escuché a María Hamilton diciéndole que era un alardoso y que siempre andaba todo sucio. El Mulato le ripostó con fuerza, diciéndole que no se hiciera la bailarina, que nunca más la ha visto dando vueltas (por la falta de corriente y el precio de las frutas).

## La odisea

La olla multipropósito, Reina Expósito, le gritó que llenaba toda la casa de humo y peste. Ahí mismo el Mulato arremetió contra ella, restregándole en la tapa que ya no era reina desde hacía rato, que su resistencia no funcionaba y que no servía ni para hervir agua.

Liya, alias “La China”, lo criticó porque todo estaba lleno de hollín por su culpa, a lo que el carbonero respondió con una risa sarcástica. De pronto le preguntó si, con la cantidad de óxido que tenía por todas partes, tenía espacio para embarrarse.

La cosa iba calentándose y Mao Haier intentó meterse en la bronca, pero intervine de manera contundente. Lo miré de frente, muy serio, y le dije: “Tú te callas la boca, Haier. Tan grande que estás para cogerla con el pobre muchacho. Tú, que no enfrías ni un carajo. Eres grande por gusto. Esa parte de abajo ya ni te funciona para que vengas a hacerte el machote”.

Ya en plan de “pitar regao”, les grité: “Se callan y se duermen ya, coño. Si siguen con esta mierda, se van a sumar los ventiladores y el televisor, y me van a joder la noche aún más. Voy a tratar de dormir y de volver a conectarme al sueño que tenía, a ver si logro ver qué película van a poner en aquel cine. Con el tiempo que llevo sin ver películas, me servirá hasta ‘La vida sigue igual’”.

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