La balsa de Buckland

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- Siete días antes de la foto, el HMAS Armidale navegaba cerca de Timor. Un buque australiano, 149 hombres a bordo, misión militar, Segunda Guerra Mundial. Dos torpedos japoneses y se acabó: se hundió en minutos. Y los aviones siguieron ametrallando a los que flotaban.

De los 149, 102 salieron vivos del agua. Juntaron tablas, bidones, restos. Recuperaron una lancha medio hundida. Estaban lejos de todo, con poca agua y menos comida. Y no cabían todos. Ese era el problema.

El 2 de diciembre, el comandante Richards se fue en un bote pequeño a buscar dónde los vieran los aviones aliados. Tres días después, Palmer salió con otro grupo en una lancha que había que achicar sin parar. En la balsa quedaron 28, al mando de Buckland.

El mar no dejaba

Buckland tenía 22 años. Había estudiado ingeniería en Sídney y estaba comprometido con Pat Thomas. Ahora flotaba en un cacharro improvisado que no llegaba ni a la esquina.

El 7 de diciembre los vio un avión, 450 kilómetros al noroeste de Darwin. Al día siguiente llegó un Catalina desde Cairns. Los tripulantes los vieron levantar los brazos. Uno tomó una foto.

Pero el mar estaba imposible. El hidroavión tenía que posarse y no podía. Se volvieron sin ellos. Rescataron a los de las otras dos embarcaciones. La balsa desapareció.

Nunca los encontraron. De 149, sobrevivieron 49. En el Australian War Memorial está la foto: unos hombres saludando a un avión que los encontró y se marchó sin poder llevárselos.

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