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title: El triste  papel de la intelectualidad oficialista en Cuba
date: 2026-10-08T15:35:33Z
modified: 2026-10-08T15:35:33Z
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excerpt: La intelectualidad cubana, ¿defiende la verdad o al régimen? Un análisis sobre cómo profesionales universitarios se convierten en guardianes de la propaganda oficial.
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Por Sergio Barbán Cardero ()

Miami.- Para combatir la verdad en la Cuba de hoy ya no bastan los comunicados oficiales. El régimen necesita sirvientes con teléfono en mano, título universitario y credencial de intelectual. Escribo esta publicación como respuesta directa a los ataques y difamaciones que he recibido en mis redes sociales tras desenmascarar, en repetidas ocasiones, la propaganda difundida por la vocera oficialista en la plataforma «Cuba por Siempre». Una manipulación burda y descarada de la realidad, empeñada en pintar un país próspero y tranquilo donde lo que abunda es miseria, apagones, desesperación y represión.

Pero lo verdaderamente revelador no son las falsedades de esa comunicadora, sino la identidad de quienes salen a defenderla con uñas y dientes cada vez que las denuncio: profesionales, universitarios, comunicadores e intelectuales convertidos en guardianes digitales del discurso oficial. Individuos que, en lugar de utilizar sus conocimientos para cuestionar al poder, los emplean para desacreditar, hostigar e intentar silenciar a quienes se atreven a denunciarlo.

Ese es uno de los papeles más lamentables de cierta intelectualidad oficialista cubana. Profesionales vinculados a la UNEAC, la academia y los medios estatales han terminado ejerciendo como una especie de policía del pensamiento en las redes sociales. Su misión ya no parece ser crear, investigar ni reflexionar sobre el sufrimiento de su pueblo, sino actuar como tropas de choque al servicio de la propaganda. Llaman «mercenario», «traidores», «gusanos» o «contra revolucionarios» a cualquier ciudadano cuyo único delito haya sido mostrar un hospital deteriorado, carente de personal, sin medicinas, denunciar un apagón o grabar un acto de represión policial. ¡Qué triste destino para quienes pasaron años en una universidad y terminaron graduándose de perros guardianes de la mentira!

## Los culpables… a buscarlos fuera

Esta degradación ética quedó particularmente expuesta tras las protestas del 11 de julio de 2021 (11J) y las manifestaciones posteriores. Abel Prieto, desde su posición de presidente de Casa de las Américas y diputado, contribuyó a presentar aquellas protestas como parte de una supuesta operación política orquestada desde Washington, financiada por la CIA o gestada en Miami para desestabilizar al Gobierno, en lugar de reconocer el profundo descontento popular que las provocó.

Una vez más, la vieja estrategia de buscar culpables fuera de Cuba para no asumir responsabilidades dentro de ella. Cuando personas formadas en las humanidades responden al sufrimiento de sus compatriotas con consignas, descalificaciones y teorías conspirativas, cabe preguntarse de qué sirvieron tantos años de universidad si terminaron confundiendo la lealtad al poder con la lealtad a la patria. Una cosa es tener formación académica y otra, muy distinta, haber aprendido a pensar con independencia.

¿Por qué alguien con formación académica acepta semejante papel? A mi juicio, la respuesta está en una mezcla de adoctrinamiento, oportunismo, miedo, dependencia institucional y, en determinados casos, intereses económicos. Porque tampoco podemos hacernos los ingenuos: alrededor de la propaganda política existen cargos remunerados, viajes, viáticos, conferencias y otros beneficios materiales. La pregunta es quién los recibe, de dónde sale el dinero y qué servicios políticos se prestan a cambio.

Y para quienes consideran exagerada esta sospecha, conviene recordar un episodio bastante ilustrativo. En agosto de 2026, Pedro Jorge Velázquez, conocido como «El Necio», protagonizó un encontronazo público con Alejandro Rondón, identificado como presunto sobrino de Diosdado Cabello. En plena discusión, el venezolano le espetó: «Regresa los viáticos que se te han dado cuando venías a jalar bolas aquí». ¡Tremenda manera de poner sobre la mesa el asunto del dinero! Aquella acusación no constituye, por sí sola, una prueba de pagos por propaganda, pero sí deja planteada una pregunta incómoda: ¿qué beneficios reciben estos voceros durante sus visitas a Venezuela u otros paises y quién los financia?

## Los viáticos y el estatus pesan mucho

Y hablando de beneficios, sería saludable conocer también cuánto se paga por determinadas conferencias, intervenciones y actividades de los intelectuales oficialistas que viajan a defender al chavismo. En particular, sería interesante que figuras como Abel Prieto hicieran públicos los honorarios, viáticos y gastos asociados a esas actividades, cuando existan. No se trata de afirmar sin documentos que cobren por defender una dictadura, sino de exigir transparencia a quienes llevan décadas dando lecciones de moral revolucionaria mientras disfrutan de oportunidades inaccesibles para la inmensa mayoría de los cubanos.

Para algunos, conservar sus privilegios, viajes, publicaciones financiadas por el Estado o simplemente su posición profesional pesa más que la responsabilidad moral de decir lo que piensan. Así terminan convertidos en «ciberclarias con título universitario», dispuestos a cambiar su independencia de pensamiento por un puesto, una palmada en el hombro o unas migajas de reconocimiento oficial. Estudiaron para cultivar el pensamiento crítico, pero acabaron utilizando sus conocimientos para combatirlo.

Y a esa comunicadora de «Cuba por Siempre», así como a la jauría de defensores del oficialismo con perfiles ajenos y rostros de IA que aparece en mis publicaciones cada vez que cuestiono sus mensajes, les digo algo: sus ataques no me intimidan ni convierten sus consignas en verdades. Un título universitario no garantiza independencia de criterio, como tampoco una credencial de intelectual otorga autoridad moral. La cultura no se mide por los diplomas colgados en una pared, sino por la capacidad de pensar con libertad y defender la dignidad humana, incluso cuando hacerlo resulta incómodo para el poder.

Mientras ustedes pierden el tiempo justificando la miseria y la incapacidad de esos dirigentes panzones y regordetes, cómodamente instalados en sus privilegios y ajenos al hambre que padece el pueblo, y atacando a quienes se atreven a denunciar la realidad cubana, otros ciudadanos, muchos sin títulos universitarios ni reconocimientos académicos, les están dando verdaderas lecciones de dignidad, valentía y decencia. Porque la dignidad no se adquiere en una universidad ni se demuestra con un diploma: se ejerce con principios, algo que ningún privilegio del poder puede comprar. Hay algo todavía más triste que un pueblo privado de libertad: contemplar cómo una parte de su intelectualidad, llamada a defender el pensamiento, se presta a vigilarlo y silenciarlo.

Y esa es la gran paradoja de estos personajes: pasaron años estudiando para aprender a pensar y terminaron dedicando su vida a defender a quienes les dicen cómo deben hacerlo. Y no se trata de convicción, es por miedo y otros, posiblemente, porque descubrieron que defender al poder también puede ser un negocio.

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