
Un pueblo de indigentes políticos
Por René Fidel González García
Santiago de Cuba.- La pobreza que ves, la soledad y la tristeza que sientes, la impotencia, es en realidad un correlato de los privilegios, la indiferencia, la opulencia y el poder de otros en Cuba.
Te debes lealtad a ti, te debes ser honesto contigo mismo. Al final del día, cuando acaba la gloria ortopédica que proporciona el agasajo o el estatus de un puesto público, el sentido de misión en que sigues creyendo a pesar de que ya no hay nadie que escuche del otro lado, te debes al menos eso.
La lealtad a ti es un estado de conciencia de lo irrepetible de tu vida, de la autenticidad, también de lo contrario. Duele.
Existe una razón que explica el por qué la cultura política en Cuba es una que cada vez más secuencia y jerarquiza la queja como un aliviadero personal, social o institucional que pocas, muy pocas veces, logra algo más que un ejercicio de desahogo.
Pero eso que sientes es político.
Ese cansancio, esas ganas de marcharte, ese abatimiento o resignación, ese miedo, esa sospecha de que estás solo, esa imposibilidad es todo eso, pero es también hambre, el hambre política también existe.
Somos un pueblo que muere de hambre política. Es por eso, también, que somos indigentes políticos.
La política no puede confundirse con la propaganda ni con las liturgias del poder, tampoco con la funciones de un Gobierno o un aparato estatal, con sus latidos burocráticos, mucho menos con sus necesidades de legitimación, sean antiguas o actuales, esas que se mudan y actualizan de la misma manera que algunos animales cambian su piel.
Somos indigentes políticos.
Aunque indigente e indígena comparten sus primeras letras, su origen y significado es completamente distinto.
La palabra indigente se formó con el prefijo indu-egere (necesitar), proviene del latín indigens y entis, el participio presente del verbo indigere, que significa carecer o tener falta de algo; mientras que indígena deriva de inde ( de allí ) y gignere (engendrar), refiriéndose a el nacido en un lugar.
Nacimos en un país que quiso ser y fue de un modo extraordinario soberano – también alineado – pero nacimos en la indigencia política.
Crecimos rodeados de procesos que creímos políticos pero que en realidad eran del poder. Incluso el único partido que conocimos era en realidad uno para trasmitir el poder no para hacer política.
Lo que nos falta es lo que necesitamos. Tienes que encontrar y probar una solución que no sea quejarte como lo haces, como un desahogo personal, acaso tímidamente social.
Tienes que poder hacer algo más que decidir por ti. En una sociedad no puedes cambiar nada pensando solo en ti, una sociedad trata de todos.
Puedes creer que enrejar tu casa es seguridad, pero es privatizar el miedo; que instalar uno, dos, tres paneles solares es estar iluminado, pero es estar rodeado de la oscuridad, de la violencia agazapada; que tus hijos tengan alimentos variados y sanos, juguetes y zapatos, es que crezcan fuertes y saludables, felices y cómodos, pero en realidad es una garantía de que lo hagan en medio, de la enfermedad, la infelicidad y la envidia.
La distancia entre lo privado y lo público existe tanto como las diferencias entre lo uno y lo otro, pero cuando alguien te dice que no te metas en el problema del otro, que ese no es problema tuyo o que es peligroso hacerlo es porque quiere privarte de la comprensión de lo único que nos puede unir y hacer fuertes: la política.
Ahora entenderás la razón por la que cada vez que infundieron miedo alrededor tuyo, por la que cada vez que amenazaron y castigaron alrededor tuyo a otros, invariablemente lo hicieron públicamente, en el espacio público.
Cuando te excluyen de lo público, cuando te acorralan y aíslan, no es porque pretendan que te encierres en el mundo privado o que dejes de pensar como piensas, es porque con ello están despolitizando el único lugar en que puedes encontrar, conocer y entender a los que creen lo mismo que tú y lo que es aún más importante, a los que creen en lo que te resulta distinto.
En proporcionarnos a todos esa oportunidad de encontrarnos, conocernos y entendernos se basa la igualdad política. No es una conclusión ingenua, es un dato sólidamente antropológico.
Una sociedad es precisamente eso, una oportunidad para que los que piensan distinto tengan las mismas opciones de ser.
Puedes haber nacido en un lugar en que el poder se disfrazó de política y nos hizo indigentes pero no tenemos que conformarnos con esto.
Esa opción es la que reivindicamos como nuestra. No tienes que pensar igual que yo o desear lo mismo pero puedes creer en esto: en que tenemos que intentar tener una oportunidad para cada uno de nosotros, nuestra oportunidad.



















