Por Carlos Cabrera Pérez
Majadahonda.- La dictadura más vieja de Occidente acaba de perpetrar su regalo de Reyes Magos contra los cubanos, con un supermercado en Miramar, que solo acepta dólares y euros en efectivo o tarjetas respaldadas por cuentas en esas monedas del enemigo.
La noticia no está en el supuesto lujo de las instalaciones; sino en la profundización del apartheid económico y monetario que practica la casta verde oliva y enguayaberada contra la mayoría de los cubanos; incluidos los intentos de saqueo de la solidaria emigración.
Raúl Castro, que cuando se aparta del guion se vuelve tierno, ya avisó: Socialismo es igualdad, pero no igualitarismo. Pero el general con un pie en el estribo de Palmiche tiene mala suerte para los augurios, pues su corto reinado solo consiguió mayor pobreza, desigualdad y sequía lechera.
El compañero Díaz-Canel -tan atinado siempre- muere por la boca, pues en 2020, se despachaba así: (…) «que han dicho que vamos a cerrar las tiendas en CUC y vamos a dejar nada más las tiendas en divisas y no es así. Nosotros vamos a mantener, a un costo tremendo, un nivel de ventas en tiendas en CUC; fundamentalmente en alimentos, de aseo, la canastilla…»
Entre los beneficiados por el nuevo supermercado están diplomáticos, técnicos y periodistas extranjeros acreditados en Cuba, quienes en los últimos años han tenido que importar casi todo para vivir decentemente; incluidas plantas eléctricas. Todos ellos cobran un plus salarial por trabajar en «país difícil», según la nomenclatura oficial de las democracias.
Los macetas se darán sus vueltecitas a por una o dos botellas para matar una jugada, pero teniendo barra libre de jama y medicinas en la Aduana General de la República, encargan a sus mulas la factura mensual y a gozar la papeleta.
Los jubilados cubanos, con hijos en la yuma y otras playas de extravío rentable, comprarán lo imprescindible, pues sienten vergüenza de que sus hijos; a los que prometieron el paraíso socialista, tengan que mantenerlos desde el capitalismo explotador del hombre por el hombre y otras boberías solemnes del Manual de Afanasiev.
Los combatientes elegidos para defender la nueva unidad de producción y defensa -que son una mezcla de colaboradores de la CI y amantes de los bandido/as con cargos y carguitos- empezarán a robar a mano armada, en cuanto pase la fiebre inaugural. Nada hace más feliz a un cuadro revolucionario que poner cómodas a sus conquistas amorosas; que comen del poderoso y gozan con un igual porque los tarros son como los dientes; cuando salen, duelen, pero después sirven para comer.
Los trabajadores de las empresas alimentarias nacionales que surten el nuevo supermercado y los enganchados al mecanismo import/export tienen un nuevo nicho para la búsqueda. Cuando hay hambre y necesidades, los damnificados no paran de inventar y si la vida los puso en el sitio adecuado, solo deben hacer las coordinaciones necesarias con jefes y CVPs, que también viven a la caza de opciones y oportunidades por la izquierda.
El comunismo de compadres convirtió a Cuba en una enorme casa a oscuras, donde las cucarachas se mueven en el retozo de la supervivencia; hasta que alguien prende la luz y todas corren a esconderse.
Los cronistas de Indias han puesto el grito en el cielo con la tienda de 3ra y 70, hablando de lujos que solo existen en su imaginación porque el sistema de tiendas dolarizadas carece de rotación de renta; es decir, no consiguen sacar beneficios de sus ventas y lo que venden es pacotilla comestible y ponible.
Pero como a los cubanos les han chapeado tanto las expectativas materiales, confunden los frijoles negros criollos con el Caviar beluga y la cerveza dispensada con Veuve Clicquot La Grande Dame Rosé.
El plan de la shopping en el Monte Barreto es viejo, Fidel Castro quiso hacer un mall con su socio israelí Rafi Eitan, dos manzanas más hacia el oeste, en la explanada frente al hotel Comodoro, de la que luego Raúl Castro se adueñó, pasando los mejores activos de Cubanacán, Cubalse y otras empresas del conglomerado fidelista a Gaesa.
Pero antes, muchos antes, cuando cedió por imperativo soviético a desarrollar el turismo, justificó el acceso vedado a cubanos a hoteles en que con aquellos ingresos pagaba los gastos de salud y educación; ya ni eso.
Escobita nueva barre bien; ¿qué pasó con el remozado Mercado de Cuatro Caminos?, pero luego llegará la cochambre a la penúltima estafa tardocastrista y la mugre y la combatividad revolucionarias relevarán al efímero brillo de los comienzos; mientras tanto, unos y otros vivirán el azoro que provoca toda ocurrencia del maltrecho comunismo de compadre; donde Gaesa sigue agrediendo a los pobres de la tierra.