ÉTICA

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Por Jorge Fernández Era (CubaXCuba)
La Habana.-
—¿Te montaste ya en la 162?
—Prefiero la 400. Esa Virgen del Camino…
—No, chico. Hablo de la 162 de 2023, más conocida como Ley de Comunicación Social. Ha roto el récord Guinnes en cuanto a fecha en que es aprobada una legislación y demora en que se haga efectiva, a pesar de que, según ellos, ha sido implementada «a todo tren». Año y pico, para ser más exactos.
—Es decir, una Ley de Comunicación deviene su contrasentido. Termina generando una incomunicación total entre esta y sus principales beneficiarios… si es que los tiene.
—Su principal beneficiario existe, es el Gobierno, no importa si se nos dice que es una ley «de todos los cubanos y para todos los cubanos». Pretende generar una expectativa de cambio que no existe, pues la vida sigue igual o cada vez peor. Se la tragan algunos ingenuos que tienen hasta el coraje de exclamar en un spot: «Tanto lo hemos soñado, que verlo hecho realidad es motivo de felicidad».
—Con rima y todo. La frase estaría bien en boca de un pueblerino al que le acaban de construir un acueducto. Pero que la lance al éter una «comunicadora» es lo más pueril que he visto.
—Menos mal que la comunicación social es «uno de los pilares estratégicos para el Gobierno». De no serlo, publican el libelo en la Gaceta Oficial en saludo al décimo aniversario de la desaparición del ICRT.
—A propósito: ¿cómo se come que si una de las instituciones que más trabajó por hacerla factible es la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales, atestada de diseñadores, sea tan horrible el logo del Instituto de Información y Comunicación Social?
—Discrepo. Pocas veces mensaje y recepción han ido tan unidos. Fíjate que la «i» de «información» remite a la figura humana, y la «c» de «comunicación» a un inmenso huevo con la «s» de «social» dentro y orificio de salida a la derecha. No sé tú, pero yo leo: «Le informo a la sociedad lo que me salga de mis co… nexiones».
—«Hacía falta un organismo que contribuyera a fomentar la cultura del diálogo y consenso en la sociedad cubana». Lo expresan así, como quien asegura, sin que le tiemblen las arenas movedizas, que «Cuba avanza».
—Hacía falta también una ley que permitiera «más y mejor comunicación con el pueblo, y, por tanto, más democracia en nuestro país, además de reforzar los principios del Estado de derecho y de justicia social». Tú verás que ahora sí se darán a conocer los resultados de la investigación que prometió Canel sobre los «posibles excesos» de las fuerzas del orden el 11 de julio de 2021, o el «análisis exhaustivo del Ordenamiento» del que habló el presidente a la Derivet, «análisis que va a ser muy crítico, lo vamos a compartir con la población». Es tan compartidor que lo anunció hace casi ocho meses, lo que demuestra el «propósito esencial de promover la transparencia en la gestión pública y la participación ciudadana en la toma de decisiones».
—Se las toma con gin tonic. Y como soy un «ciudadano con conciencia de su derecho a la información», me pregunto dónde está el «ejercicio ético y responsable de la comunicación social» cuando Cubadebate publica el siguiente bodrio: «Nunca es tarde para demostrar nuestro cariño, y nuestra tienda virtual www.GD-Mart.com te trae la oportunidad perfecta para mostrar tu amor y gratitud. Presentamos nuestros productos estrella para la cocina cubana: la olla de presión y la arrocera Gwell, a precios inigualables de $50 USD y $25 USD respectivamente. La olla de presión Gwell es más que un simple electrodoméstico; es una compañera confiable donde las madres cubanas cocinan sus mejores recetas, esas que han pasado de generación en generación, llenas de sabor y tradición. Y qué decir de nuestra arrocera, un símbolo de la cocina moderna que garantiza un arroz perfecto, para acompañar esos platos que solo nuestras madres saben hacer con tanto amor».
—Debe ser que «hay una avalancha de manipulación, de desideologización, de irresponsabilidad social cuando se construyen los procesos comunicacionales».
—La avalancha es tal, que Randy Alonso descuida la olla reina y esta explota, se desborda y deja salir ese torrente ridículo que mezcla «cariño», «amor», «gratitud», «dólares», «precios inigualables», «sabor» y «tradición» en un mismo potaje de diez onzas de frijoles.
—Como para titularlo «La ética que refresca».