¿QUÉ ES MÁS PREOCUPANTE EN UN PAÍS?

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Por Abel Tablada ()
La Habana.- ¿Que medios alternativos den una noticia con un dato falso o que los medios oficiales -que pagamos todos los cubanos-, no den las noticias a tiempo, no las den completas cuando deciden darlas, no muestren las imágenes de los hechos, no entrevisten a nadie, culpen públicamente al que no tienen que culpar -siempre al más débil y nunca al estado- y no comenten o reflexionen sobre las causas directas y acumuladas de este tipo de fenómenos violentos cada vez más comunes en la sociedad y juventud cubanas?
Parte de la prensa alternativa, la más amarillista, pierde prestigio y credibilidad por su falta de seriedad y su propósito claro de desprestigiar todo lo que se relacione con el gobierno, culpándolo de todo. Pero, no obstante, cumple una misión importante y vacante: informa a tiempo y si hay exageraciones o manipulaciones se corrigen por ellos o por otros.
La prensa oficial, que es controlada y representa al gobierno cubano, no informa a tiempo y cuando lo hace es para desmentir algún dato incorrecto que dio la prensa alternativa, es decir, actúa a la defensiva en vez de llevar la iniciativa.
No realiza un periodismo digno, responsable y legítimo cuando se trata de temas sensibles, pues no cumple su función de ser la referencia más creíble para las noticias relacionadas con Cuba y tampoco es efectiva en frenar la guerra mediática que sí existe. Para colmo también manipula, esconde datos, imágenes y no le da continuidad y profundidad a hechos que lo ameritan.

Y así ha ocurrido desde hace décadas, a pesar de reuniones cerradas y abiertas, congresos con aires de esperanza, intervenciones emocionantes de grandes o jóvenes periodistas y de algunas promesas de presidentes y secretarios ideológicos.

En años recientes no han tenido el valor y la decencia de mostrar las imágenes de miles de habaneros frente el Capitolio reclamando de forma pacífica libertad, de cientos de bayameses cantando nuestro Himno Nacional: La Bayamesa, de cientos de santiagueros pidiendo corriente y comida.
No tienen el valor y la decencia de cuestionarse las duras penas a muchos manifestantes pacíficos, aquellos, la mayoría, que no voltearon carros, no apedrearon vidrieras.
No tienen el valor y la decencia de darle seguimiento a los mayores casos de corrupción, algunos formando parte de las altas esferas del gobierno.

No tienen el valor y la decencia de analizar las causas de la inflación, del estancamiento de la economía, de la porción de responsabilidad del sistema y gobierno cubanos en lo que pasa en el país.

No tienen el valor y la decencia de preguntarse el porqué para defenderse de las agresiones y bloqueos externos hay que aplicar uno interno, hay que proclamar y aplicar una falsa democracia, hay que oprimir de diversas formas al pueblo cubano y no buscar por todas las formas posibles esa libertad por la que tanto lucharon los mambises y los revolucionarios del 30 y los años 50s.
Y es lógico, en Cuba existen periodistas valientes y decentes, solo que están obligados a dedicarse a temas poco delicados, o a callarse y autocensurarse o a dimitir y dejar de trabajar para medios oficiales.
El periodismo en Cuba es vergonzoso, y si no fuera por algunos medios independientes comprometidos con la verdad, aquí no hubiera forma de enterarse y entender la realidad del país.
La noticia no fue: ‘Ocurrió esto y aquello’, la noticia y tardía fue: ‘Falsa noticia, no ocurrió esto, nos quieren dañar’. ¡Vaya estrategia y política informativa!