MUELA, MÁS MUELA Y CONVERTIR LOS REVESES EN VICTORIA, LA MÁXIMA DEL CASTRISMO

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Por Jorge Sotero ()

La Habana.- Miguel Díaz-Canel estuvo por Las Tunas en uno de esos viajes semanales que hace a diferentes provincias y municipios del país con la intención de demostrar vínculo con el pueblo, de sugerir cosas, de motivar, que al menos es lo que se creen.

Como siempre, lo acompañó Roberto Morales Ojeda, en su tibio papel de encargado del departamento de Organización del Comité Central del Partido Comunista, con el objetivo de observar el desempeño de los dirigentes de abajo y decidir a cuál de ellos promueven, mueven a otros lugares, o les arrancan la cabeza por no ser fieles a los postulados de Fidel Castro, que es lo único que interesa.

Y como ha sido habitual en los últimos tiempos, el Hombre de la Limonada insistió a los tuneros, a los del municipio de Majibacoa, que se crean de verdad lo de producir alimentos, porque, según él, cada municipio de Cuba tiene que autoabastecerse.

«Ya nosotros tenemos que llegar al momento en que este país se autoabastezca de alimentos. Eso es lo que nos va a dar soberanía de verdad, no estar dependiendo de las importaciones, pero eso hay que creérselo y cada municipio tiene que guapear su comida y no estar pensando en lo que va a entrar por la canasta. Lo que entre por la canasta que sea para más», comentó, aunque les juro que el léxico usado dista mucho del que he empleado en la transcripción, y si tienen dudas, vean el vídeo adjunto.

Luego agregó que «aquí hay tierra suficiente, en Majibacoa, para producir toda la comida del municipio y para darle comida a Las Tunas. Ahora, lo que hay es que trabajar.

Hasta ahí todo bien. Es un poco más de lo mismo, como diría el desabrido de Yusuam Palacios, pero vale la pena entrar en algunas consideraciones, sobre todo en un intento por meternos en la mente febril de los que dirigen en Cuba, que piensan que producir alimentos es como abrir una llave y comienzan a brotar las plántulas, y luego a dar sus frutos, en una muestra de que no saben, ni tienen ideas de lo que hablan.

El campo, y eso ellos parece que no lo saben, te puede dar un mango, un aguacate o unas naranjas sin trabajar, pero no te da frijoles, yuca, arroz, maíz, calabaza o malanga. Eso hay que sembrarlo y para hacerlo hay que labrar la tierra. No se trata de pasar un arado una vez. La preparación de la tierra lleva varios tratamientos, que incluyen romperla, pasarle gradas para recoger desechos de otras cosechas, cruzarla, y luego surcarla para la siembra.

Después de plantada, si no llueve, necesita agua. Y labores de cultivo repetidas, la mayoría de las veces con la incómoda guataca. Para todo eso se necesitan fuerzas y medios. Y en Cuba no hay tractores, ni los venden, no hay alambres ni malla para proteger las plantaciones del ganado -y de los ladrones-, ni venden turbinas para halar el agua, ni hay quien haga pozos, porque no existen las máquinas, y no hay nadie que quiera trabajar en el campo, porque al sol, como esclavos, nadie quiere hacerlo.

Tampoco hay donde comprar semillas, fertilizantes, fumigaciones específicas para combatir las plagas. Y encima de eso, el que produce tiene que vender al precio que le imponen y cobrar cuando las empresas del Estado quieran pagar, a veces con un año de retraso.
¿Por qué el gobierno, en lugar de seguir con lo de los hoteles que se mantienen vacíos, no invierte en tractores -de todos los tamaños-, motores para turbinas, en máquinas para abrir pozos, en fertilizantes, semillas, aperos de labranza, fertilizantes…?

Hace como cuatro años pusieron el ejemplo -con bombos y platillos por la televisión oficialista- de un campesino de Placetas que había comprado un tractor en nada menos que 27 mil dólares. Con esa cantidad se compran seis tractores en Holanda, por ejemplo. Y los Países Bajos, como la mayoría de los países serios de este mundo, subsidian las producciones agrícolas, algo que no hace el gobierno cubano, porque creyó siempre que el campesino era una carga y no una solución. Y ahora, cuando los necesita de verdad, no hace nada por enamorarlos para que regresen a unas tierras que les prestarán -hasta que los gobernantes quieran- para que produzcan algo… lo que sea.

Si no hay inversiones para la producción de alimentos, si no hay subsidios, si no destinan dinero y priorizan la agricultura, el cubano se seguirá muriendo de hambre, porque nadie producirá nada.

Pero Limonardo y su escolta, el ilustre Morales Ojeda, se creen que con ir a una reunión con campesinos, militantes del Partido comunista y pedirles que trabajen, resuelven el problema. Piensan que su presencia «allá abajo», como ellos les dicen al pueblo, va a resolver los problemas. Y no, todo eso solo alargará un poco más el momento del fin de la catástrofe del sistema que padecen los cubanos desde hace 65 años.

Por cierto, en el vídeo adjunto no se pueden perder el final, las palabras de Walter Simón Noris, el secretario del Partido en Las Tunas, quien habló del «movimiento político que adoptará la provincia» para producir alimentos, y aclaró que estas cosas no «pueden ser solo reclamo o empeño», porque «para ser grande basta con intentar lo grande», y, como siempre, puso el ejemplo de Vicente García y aquello de que quemó la ciudad de Las Tunas, que eran una 30 casas cuando la guerra, para que no cayera en manos españolas.

Lo mejor estaba aún por venir: «Le garantizo el compromiso de que trabajaremos sin descanso, porque no hay otra opción que intentarlo todo, que por Las Tunas la victoria».

Estos dirigentes que tiene Cuba se aprenden las frases de memoria en La Escuela del Partido Ñico López y luego las sueltan en cualquier momento. La palabra ‘victoria’, por ejemplo, la utilizan desde hace muchos años en cualquier sitio, aunque se trate del más grande de los reveses, de todas formas ellos se la pasan siempre convirtiendo los reveses en victoria. ¡Qué país!