OLMECA: LA PRIMERA GRAN CIVILIZACIÓN DE AMÉRICA

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Tomado de MUY Interesante

En la cuenca del río Coatzacoalcos se recuperó una docena de objetos esféricos datados entre 1700-1600.

México DF.- A finales de 1850, en la falda de la sierra de Los Tuxtlas, cerca de una hacienda azucarera de Hueyapan, Veracruz, un campesino que trabajaba en su milpa tropezó con un objeto enterrado. Quizá motivado por historias de tesoros escondidos, excavó para recuperar lo que a primera vista parecía una olla de metal. Sin embargo, no fue oro lo que encontró, sino una cabeza monumental de piedra basáltica. Doce años más tarde, en 1862, el periodista y explorador José María Melgar y Serrano confirmaría la existencia de la pieza arqueológica.

El Monumento 17, o cabeza colosal 6, fue localizada en San Lorenzo, Veracruz. Hoy día engalana las salas del Museo Nacional de Antropología e Historia, en Ciudad de México.

El Monumento 17, o cabeza colosal 6, fue localizada en San Lorenzo, Veracruz. Hoy día engalana las salas del Museo Nacional de Antropología e Historia, en Ciudad de México.Shutterstock

Los habitantes de la región de hule

De origen desconocido, los olmecas son considerados la primera gran civilización de América, no sólo por su antigüedad (de 1200 a. C. a 400 a. C), sino por su compleja organización política y social, asentamientos planificados, expresiones artísticas y redes de intercambio comercial de larga distancia. Gracias a estas particularidades, y a que antecedieron a los aztecas y los mayas, se les conoce como la “cultura madre” de Mesoamérica.

Los olmecas, más que una civilización que se desarrolló durante el Preclásico, son un conjunto de pueblos que se articulan en estilos y cosmovisiones semejantes, como sustenta el antropólogo mexicano Diego Prieto Hernández, director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en el documental de Canal 22 Los olmecas y las culturas del Golfo.

Aunque se desconoce cómo se autonombraban estos pueblos originarios, “olmeca” es una palabra náhuatl que los aztecas utilizaron para referirse a los grupos étnicos que habitaron la planicie costera del Golfo de México, principalmente en los estados de Veracruz y Tabasco, otrora reconocidos por su producción de hule. Sin embargo, desde principios del siglo XX, este término fue utilizado por los arqueólogos para referirse a ciertos vestigios prehispánicos caracterizados por su estilo escultórico, sobre todo colosal, en estados como Morelos, Guerrero y Chiapas; incluso se han llegado a encontrar piezas de menor tamaño en sitios tan distantes como en las costas de Guatemala y Costa Rica, menciona Rebecca B. González Lauck, del Centro INAH de Tabasco.

El Complejo C de La Venta es un basamento piramidal de aproximadamente 30 metros de altura y 128 metros de diámetro, también conocido como la primera pirámide de Mesoamérica.

El Complejo C de La Venta es un basamento piramidal de aproximadamente 30 metros de altura y 128 metros de diámetro, también conocido como la primera pirámide de Mesoamérica.iStock.

Regiones y asentamientos Olmecas 

El hallazgo de vestigios olmecas en diversas latitudes de México ha ayudado a delimitar tres regiones vitales para el desarrollo de estos pueblos: la zona nuclear, en el sur de Veracruz y norte de Tabasco, que incluye los asentamientos El Manatí, San Lorenzo Tenochtitlan, El Azuzul, Las Limas, La Venta y Tres Zapotes; la zona conformada por Juxtlahuaca, Oxtotitlán, San Miguel Amuco y Teopantecuanitlán, en Guerrero; Chalcatzingo y Zazacatla, en Morelos; así como el territorio que comprende San José Mogote, en Oaxaca, y Chiapa de Corzo, Padre Piedra, Pijijiapan y Rancho Xoc, en Chiapas.

En tanto, las redes comerciales de largo alcance permitieron el despliegue territorial de los olmecas, aunque fue en San Lorenzo Tenochtitlan, La Venta y Tres Zapotes donde estos grupos verían su mayor florecimiento.

San Lorenzo Tenochtitlan

En el sur de Veracruz, rodeados de afluentes navegables que facilitaron la comunicación y el comercio, los olmecas erigieron en la zona de San Lorenzo Tenochtitlan, su primer centro ceremonial; el cual alcanzó su máximo desarrollo entre 1200 y 850 a. C., se caracteriza por la modificación del terreno para hacerlo habitable: está edificado sobre una meseta artificial que se eleva a unos 50 metros con terrazas en distintos niveles, lejos de las inundaciones de la cuenca del río Coatzacoalcos.

Destaca el Palacio Rojo, la primera residencia de un gobernante olmeca, construcción que no sólo llama la atención por el color distintivo de su piso, sino por el drenaje serpentino que corre debajo de éste. El hallazgo de una serie de figurillas de jugadores de pelota (1250-1150 a.C.) y un campo de juego rudimentario que data de 600 a 400 a. C., dan cuenta de la práctica antiquísima de este ritual. Además, es en San Lorenzo donde comenzaron a tallarse las primeras esculturas en piedra volcánica, se intensificaron las actividades productivas, sobre todo a partir del cultivo del maíz y se comerciaron productos como el hule, la obsidiana y el jade. Su florecimiento fue tal que antes de 900 a. C., albergó a unas 13,000 personas.

La Venta

A unos 15 kilómetros de la costa del Golfo de México, en el noroeste de Tabasco, los olmecas establecieron entre 1200 y 400 a. C., su centro ceremonial rector, cuyo trazo arquitectónico y planificación urbana servirían para darle el reconocimiento de la ciudad más antigua de Mesoamérica. En La Venta, edificios de arcilla y chapopote dispuestos en dirección norte-sur delimitaron avenidas, calles y plazas que alojaron a una sociedad compleja y organizada, que en su plenitud alcanzó las 18,000 personas.

Para su sustento, los habitantes de La Venta aprovecharon los suelos húmedos de la región, principalmente con plantaciones de maíz y yuca, pero también se dedicaron a la caza y la pesca. Se desconoce el sentido exacto de su cosmovisión, pero en este emplazamiento situado en una extensión original, de al menos 200 hectáreas, los olmecas construyeron altares, esculturas monumentales y complejos donde realizaban actos políticos y religiosos. Destaca un montículo central de arcilla de 30 metros de altura por 128 de diámetro catalogado como la primera pirámide de Mesoamérica.

Tres Zapotes

Contemporáneo a La Venta, Tres Zapotes fue un asentamiento en el sur de Veracruz, entre la sierra de Los Tuxtlas y el río Papaloapan, que se desarrolló de 1000 a. C. a 200 d. C. Si bien fue el último en formarse, su importancia radica en la cantidad de piezas escultóricas que se han encontrado, entre las que destacan el Monumento A, la primera cabeza colosal descubierta por José María Melgar y Serrano en 1862. Décadas más tarde, en 1939, Tres Zapotes también sería el sitio de un hallazgo trascendente: el arqueólogo y etnólogo estadounidense Matthew Stirling, deseoso de conocer el Monumento A, viajaría hasta esta zona de Veracruz para terminar de desenterrar la cabeza colosal. Durante los trabajos, encontraría la mitad inferior de una estela con forma de prisma rectangular decorada en una de sus caras con una columna de glifos en forma de barras y puntos. Años más tarde, esta singular pieza sería conocida como Estela C, con la fecha maya más antigua conocida hasta entonces: 3 de septiembre de 32 a. C.

El Monumento 19 de La Venta (1200-400 a. C.) es una lápida con un personaje antropomorfo en posición sedente con las piernas extendidas, brazo derecho hacia el frente que sostiene una bolsa de copal y porta un tocado de jaguar.

El Monumento 19, es una lápida con un personaje antropomorfo en posición sedente con las piernas extendidas, brazo derecho hacia el frente que sostiene una bolsa de copal y porta un tocado de jaguar.Shutterstock

Organización social

La historiadora estadounidense Ann Marie Cyphers, experta en la civilización olmeca, lideró diversas excavaciones en los principales asentamientos de esta cultura desde finales del siglo XX y hasta principios del XXI. Gracias a sus hallazgos plasmados en infinidad de libros y artículos, como el dedicado al Palacio Rojo, se sabe que estos grupos tenían sistemas políticos centralizados, donde la religión afianzaba sus creencias y conceptos. También se trataba de pueblos con una organización social estratificada, con gobernantes, aristócratas y población en general.

Entre los olmecas, el poder era hereditario, y se consideraba que los gobernantes eran descendientes directos de las divinidades. Además, la jerarquización de los linajes ayudó a legitimar a las élites, quienes tenían acceso privilegiado a bienes de primera necesidad y poseían la capacidad de movilizar la mano de obra necesaria para la construcción de sus centros ceremoniales y esculturas monumentales.

El politeísmo Olmeca

La adoración de dioses o fuerzas sobrenaturales que controlaban el universo y sostenían la estructura sociopolítica del mundo fue la base de las creencias olmecas, como apunta el arqueólogo estadounidense Richard A. Diehl en La religión olmeca, una interpretación preliminar (1988). Por ello, este pueblo era politeísta, con deidades relacionadas con la agricultura, el agua y el fuego. Además, creían en la divinidad de algunos animales de la zona, puesto que muchos dioses aparecen compuestos por elementos humanos tanto femeninos como masculinos combinados con rasgos felinos, reptiles y plumíferos (como la serpiente emplumada, que aparecerían posteriormente en otros cultos prehispánicos). Sin embargo, el centro de la religión olmeca fue el jaguar.

La hipótesis de Stirling

Más allá de estar representado en la iconografía de esta cultura, según la hipótesis del arqueólogo Matthew Stirling, dos monumentos (el 1 de Río Chiquito y el 3 de Potrero Nuevo) describen gráficamente la cópula de un jaguar con una mujer, que daría como resultado el nacimiento de hombres-jaguar, de los cuales descendería el pueblo olmeca. Hierofanías de la génesis de esta civilización aparte, lo cierto es que el jaguar aparece representado de diversas maneras, como en la característica boca olmeca de las cabezas colosales descritas a continuación.

Los baby face o cara de niño son esculturas, en su mayoría arcilla, cuyas proporciones corporales corresponden a infantes.

Los baby face o cara de niño son esculturas, en su mayoría arcilla, cuyas proporciones corporales corresponden a infantes.Shutterstock

Las cabezas colosales y otras manifestaciones artísticas

Como se mencionó, el hallazgo de José María Melgar y Serrano motivaría a otros entusiastas de las culturas precolombinas a explorar la región en busca de nuevos vestigios. Tal fue el caso de Matthew Stirling, quien desde la década de los 40 del siglo pasado exploró por años Tres Zapotes y La Venta hasta recuperar más de una docena de cabezas colosales. Décadas más tarde, en1994, Ann Marie Cyphers encontraría la última de estas piezas.

Talladas en enormes rocas ígneas (basalto) extraídas de la sierra de Los Tuxtlas, Veracruz, las cabezas colosales son el sello distintivo de la cultura olmeca. Hasta el momento se han hallado 17( 10 en San Juan Lorenzo, cuatro en La Venta, y tres en Tres Zapotes y alrededores) con una altura de alrededor de dos metros y un peso de entre 6 y 25 toneladas. Estas cabezas representan a hombres maduros con mejillas carnosas, labios gruesos con comisuras ligeramente hacia abajo, narices chatas, estrabismo bilateral convergente y tocados. Si bien comparten estos rasgos, ninguna es igual a otra, por lo que se cree representan a personajes específicos, como gobernantes o guerreros. Además, aún se desconoce cómo se trasladaron hasta los sitios donde fueron halladas.

Altares, bustos y estelas

El arte olmeca no se reduce a sus cabezas colosales; los altares o tronos, por ejemplo, son parte de las representaciones de esta antigua civilización. El Altar 4, ubicado en La Venta, es un enorme bloque de piedra con un nicho central que, se dice, es la puerta al inframundo; de ésta emerge un personaje mítico que sostiene una cuerda que rodea toda la pieza. También hay bustos como El señor de las limas, una obra en piedra serpentina representando a un hombre joven en posición sedente quien sostiene entre sus brazos a un niño-jaguar.

En el caso de las estelas, monumentos monolíticos en forma de lápida, Ann Marie Cyphers menciona que “se trataba de objetos sagrados que definían los ejes cósmicos y cardinales y cuya esencia giró en torno a la ideología sobre el gobernante y el gobierno”.

Obras de menor dimensión

El arte de estos pueblos, en su mayoría, fue monumental, asimismo también realizaron figurillas de arcilla y piedra antropomorfas conocidas como miniaturas olmecas. En este grupo entran los baby face o “cara de niño”, con deformaciones craneales angulares y rasgos faciales que aludían al jaguar. También se realizaron figuras de jade, principalmente máscaras.

Escritura y sistemas calendáricos

Se cree que los olmecas fueron los primeros habitantes del continente en desarrollar un sistema de escritura jeroglífica, cerca de 900 a. C. Sin embargo, el conjunto de símbolos y glifos encontrados aún no ha podido ser descifrado. También, para la organización de la agricultura y las ceremonias religiosas, es probable que hayan contado con calendarios que, a su vez, sirvieron a los pueblos mayas y aztecas para crear su propia cuenta sistematizada del transcurso del tiempo.

El Altar 4 de La Venta tiene unas dimensiones 1.60 m de alto, 3.19 m de ancho y 1.90 m de espesor, mientras que su peso es, aproximadamente, 33.7 toneladas. Fue construido en basalto gris, alrededor de 700-400 a. C.

El Altar 4 de La Venta tiene unas dimensiones 1.60 m de alto, 3.19 m de ancho y 1.90 m de espesor, mientras que su peso es, aproximadamente, 33.7 toneladas.Shutterstock

El fin de una era 

Al igual que su origen, el declive de la primera gran civilización de América, cerca del 400 a. C., es un enigma. No obstante, algunos arqueólogos apuntan a que su desaparición pudo deberse a desastres naturales, como inundaciones o erupciones volcánicas. Otros mencionan un posible agotamiento de sus recursos naturales, lo que pudo haber provocado hambruna y, por consiguiente, el abandono de sus centros ceremoniales. También se cree que pudo deberse a conflictos internos o la invasión de otros grupos. Cualquiera que haya sido el motivo de su desaparición, los olmecas influyeron en las civilizaciones mesoamericanas posteriores. Hoy día, gracias a las piezas halladas en diversos sitios y a su estudio, podemos conocer un poco más de su legado en los centros ceremoniales que construyeron a su paso y en los museos que albergan sus creaciones.