PERROS Y GORRIONES

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Por Gretell Lobelle ()
Matanzas.- Ayer el perro se puso a juguetear con algo. Una no depara en el ladrido de un perro medio loco. Después entendí que llevaba rato jugando con un gorrión.
El pajarito alzó el vuelo y lo derribó, y entonces fue que pude ver en lo que andaba. Logré quitárselo pero era tarde.
El pobre pájaro estaba moribundo cuando lo recogí. Por más que le acaricie el buche y le eché agua en el pico, no había nada que hacer. La existencia es efímera. Un gorrión me afecta, este más. Quizá porque llevo muchos días sin dormir bien, quizá porque no me gusta estar triste y entender la tristeza es un acto necesario pero muy desgastante.
Los animales todos se parecen. Aún cuando el ser humano tiene su escala superior de conciencia, en la que median emociones, sentimientos, sistema de valores. Los hay con un instinto de conservación, subsistencia, egoísmo muy jodido. Esos van llevándose de golpe a todo «gorrión» que se le cruce en el camino.
El instinto es algo muy loco. No hay manera de ir contra ello. Se me pasó rápido la molestia con el perro. La vida va de eso, perros y gorriones. Nadie escapa a su propia naturaleza. Siempre está el depredador, y a una lo que le queda es reconocer, entender de los instintos del otro y tratar de no poner el gorrión.
¡El ocaso, ayer por ejemplo!