ERNESTO SÁBATO, DE FÍSICO A ESCRITOR

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Tomado de Historias de la Literatura
La Habana.- Ernesto Sábato, antes de convertirse en uno de los referentes de la literatura argentina del siglo XX, fue un físico reconocido que trabajó en instituciones de renombre como el laboratorio Curie en París y el MIT.
Sin embargo, durante su estancia en París la influencia de los surrealistas lo llevaría a abandonar la ciencia para dedicarse por completo a la escritura.
Fue de la conjunción estas dos disciplinas de donde surgió el siguiente texto:
Alguien me pide una explicación de la teoría de Einstein. Con mucho entusiasmo, le hablo de tensores y geodésicas tetradimensionales.
– No he entendido una sola palabra – me dice, estupefacto.
Reflexiono unos instantes y luego, con menos entusiasmo, le doy una explicación menos técnica, conservando algunas geodésicas, pero haciendo intervenir aviadores y disparos de revólver.
-Ya entiendo casi todo-me dice, con bastante alegría-. Pero hay algo que todavía no entiendo: esas geodésicas, esas coordenadas.
Deprimido, me sumo en una larga concentración mental y termino por abandonar para siempre las geodésicas y las coordenadas; con verdadera ferocidad, me dedico exclusivamente a aviadores que fuman mientras viajan con la velocidad de la luz, jefes de estación que disparan un revólver con la mano derecha y verifican tiempos con un cronómetro que tienen en la mano izquierda, trenes y campanas.
– Ahora sí, ¡ahora entiendo la relatividad! – exclama mi amigo con alegría.
– Sí, -le respondo amargamente-, pero ahora no es más la relatividad.