CUBA: EL TITANIC EN TINIEBLAS

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Por Esteban Fernández Roig
Miami.- Ahora mismo, no tengo ni la menor idea de lo que es Cuba; Cuba es un arroz con mango, un desastre absoluto.
Los cubanos no saben ni quiénes los gobiernan, el nonagenario Raúl se ve de pascuas a San Juan, y les han impuesto -de dedo- un señuelo para que les echen las culpas de la debacle.
Nadie sabe, ni le interesa saber, los nombres de aquellos comandantes que un aciago día iniciaron la destrucción.
Nadie sabe si aquello es comunismo o capitalismo, o se trata de una chusma mescolanza de ambas cosas.
Los nietos de los forjadores de la catástrofe ya están aquí o vienen llegando.
¿Qué hacen aquí, por qué vienen aquí? No saben qué responder: “Porque allá no hay futuro, hay miseria, y apagones”. No son amigos ni enemigos del régimen, dicen temerosos que “No quieren hablar de política”.
Los chivatos, los esbirros que nos hicieron las vidas imposibles, hoy andan desahuciados, harapientos, enfermos, marginados. Otros andan tapiñados haciendo los mandados en Sédanos. Castigados por el Karma.
Arriba, en la estratosfera, hay un grupúsculo de vejetes viviendo como marahajas de la India, pero en realidad el pueblo de a pie no saben ni quiénes son, ni intentan averiguarlo, solo los llaman “los pinchos, los mayimbes”…
Cuba es como una isla a la deriva, como el “Titanic”, pero sin luces, y hasta cuando el cubano muere no ve la luz al final del túnel porque hay tremendo apagón. Cuba es la Atlántida del Caribe…
Y si Cristóbal Colón llegara hoy a Cuba encontraría un desastre, una catástrofe, una calamidad, ruinas, cataclismo, hecatombe, una tragedia, y una desgracia.
Y le ordenara a Rodrigo de Triana: “Rápido, pon rumbo norte antes que se monten 10 millones de nativos en La Pinta, La Niña y la Santa María y naufraguemos”