NO PODEMOS VIVIR DEL PASADO

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Por Gretell Lobelle
La Habana.- Uno elige la hijeputa’  con el hijeputa o no deja que el odio signe tu vida. Lo malo no justifica lo malo, decía mi abuela y fue herencia en mi familia, como lo fueron cada frase, concepto heredado de su madre a mi madre y después a mi. Se vive desde elecciones, pero definitivamente hay patrones de árbol y constelación familiar que se repiten.
Los muertos pasan a una dimensión en camino de madre/padre ancestral, èṣù. Ese amor y odio a los muertos nos ha dañado irremediablemente. Hemos perdido el camino de sanación y transformación. Esta isla es puro acodo en pasado, lastre que no deja avanzar. El resultado se refleja en nuestra constelación familiar llena de mucho odio, desidia, traumas y miserias.
El cubano no ha entendido su lugar de isleño. Una isla es un pedazo de tierra en medio del mar, sin más pretensión o sin las pretensiones de los continentes. Hemos transitado en generaciones por la herencia como nación, por el ego, el poder, el control desde la propia familia reflejo y espejo de un país. Somos un pueblo, una sociedad ególatra que carga el eterno pasado. Vivir desde el pasado solo trae amargura, por eso nuestros padres son una generación amarga, contenida, nosotros el resultado. Rotos, llenos de traumas, la mayoría buscando la felicidad pero incapaz de entenderla.
Por suerte, nuestros hijos son la quinta generación del clan, la del recurso se llama. Una generación que no se parecerá a ningún antepasado, llamada a podar nuestro árbol ancestral. Carente de toda lealtad. No es para alarmarse, desarrollarán el lado creativo y espiritual del clan.
Ellos tienen la misión de vida de sanar, romper y crear una nueva humanidad. Serán libres espontáneos y auténticos. Usarán el bloqueo como nueva herramienta de sanación. Lo mejor que le ha de pasar a esta tierra son los hijos que hemos parido. Benditos nuestros hijos