MARTÍ, EL HOMENAJE

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Por Joel Fonte ()

El mejor homenaje al Apóstol: el pueblo entero en las calles de Cuba -civiles y militares juntos- exigiendo libertad, y cárcel para los asesinos.

La Habana.- José Martí es el mayor símbolo de libertad para los cubanos, y el más atacado, calumniado, manipulado por la dictadura Castrista.
Apropiarse su imagen, su pensamiento, fue la estrategia más pérfida que instrumentó Fidel Castro desde que gestó su proyecto de usurpar violentamente el Poder.
Alegó que Martí había sido su inspiración ética, moral, al intentar ocupar un cuartel militar en el oriente del país, justo cuando se cumplían 100 años del nacimiento del Apóstol, manifestando que su fin era restablecer la constitucionalidad, la democracia que el dictador Batista había secuestrado con el golpe de Estado, y una vez que se hizo con el Poder, sustituyó la anterior dictadura por una aún más fiera, de corte comunista, tomando otra vez sin el menor reparo a Martí para validarla.
Fidel Castro mintió desde el comienzo.
Le mintió a sus más cercanos, a sus compañeros de armas y de ideas, a todos los que entusiasmó, movilizó y lanzó a la lucha por reivindicar esos derechos arrancados a los cubanos y que mantenían maniatada a la aún joven república.
Pero, sobre todo, le mintió a los cubanos y al mundo entero.
Ahí están, gracias a las nuevas tecnologías, a la internet, a las redes sociales, los discursos, las entrevistas, las palabras de Castro afirmando que él no era comunista, que el comunismo atacaba las libertades y la democracia, que él solo quería devolverle la libertad a los cubanos, que promovería el multipartidismo, que organizaría elecciones libres en un año, que no se aferraría al Poder…
Tomar a Martí como símbolo para validar una dictadura -comunista primero, y luego sin más ideología que la conservación del Poder, a como de lugar, como un acto criminal- es una aberración intelectual y una desvergüenza moral.
Martí jamás fue socialista, y mucho menos comunista. Y no lo fue, no porque desconociera el pensamiento de Marx, la teoría comunista, sino precisamente por el estudio cabal de ella. Fue contemporáneo de sus pensadores, y los criticó explícitamente.
Tampoco fue enemigo de la sociedad norteamericana, del liberalismo.
Martí fue sobre todo, además de un profundo humanista, un convencido de que la libertad es el requisito indispensable para el crecimiento de cualquier proyecto social, y subordinó todo -su vida primero- al logro de esa libertad, que suponía para los cubanos ante todo la independencia de la Colonia.
El comunismo -y su primera etapa, el socialismo- promueven en principio la lucha clasista, la dictadura de una clase -el proletariado- por sobre el resto de la sociedad, para el logro de un bienestar utópico que la vida y la historia confirmaron no paradisíaco, sino simplemente contrario a la naturaleza misma del hombre.
¿Por qué una sociedad entera ha estado atada entonces por tantas décadas a esa mentira…?
¿Cómo se ha podido engañar a millones de seres humanos por tanto tiempo?
Muchas son las respuestas, pero entre ellas destacan el servilismo de pseudo-intelectuales que vendieron su pluma y su palabra; y antes el alma, para construir una teoría que desnaturaliza el pensamiento de Martí, y agravia su ética.
El empleo de los medios masivos de información como fieros instrumentos de propaganda para difundir de modo enfermizo millones de horas de mentiras, bombardeando por décadas a generaciones acríticas de cubanos, es otra de las causas.
Pero Martí sobrevive libertario y digno, enemigo de las dictaduras y de los dictadores, para quienes buscan en él la Verdad.
Y nos llega vital y renovado hoy, cuando los cubanos sentimos más próxima la hora de nuestra libertad.
Tomémoslo como símbolo de temeridad, de arrojo, de combinación sempiterna de pensamiento y acción en un solo HOMBRE.

Basta de tolerar injusticias. No más temor. No más dictadura en Cuba.

No más dictadura en Cuba.

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