EL PERIÓDICO GRANMA BUSCA DIRECTOR

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Por Anette Espinosa

La Habana.- Yailín Orta Rivera se creyó cosas. Pensó que de verdad era la directora del diario Granma, y que podía hacer o deshacer a su antojo, y por su egocentrismo, típico de esos funcionarios extremistas que abundan en el comunismo, terminó pagando las cuentas y la mandaron a la calle.

Orta Rivera llegó a Granma de manera sorpresiva, dando pasos de siete leguas. Un día era periodista, unas semanas después jefa de corresponsales en Juventud Rebelde, al poco tiempo subdirectora y casi al instante, con la salida de Marina Menéndez, la directora.

La guajirita de raíces villaclareñas y mayabequenses quería más. No le bastaba con eso. Para alguien con grandes aspiraciones, el diario de la juventud era solo un paso intermedio. Solo era necesario extremar los cuidados, apuntalarse delante de los grandes jefes, y de esos oscuros funcionarios que dirigen los medios y esperar el momento oportuno. Y le llegó.

Para codearse de cerca con gente importante, tuvo una relación amorosa -clandestina, por supuesto- con Rodrigo Malmierca, y nada más que explotó Pelayo Terry, la llamaron de Juventud Rebelde y la pusieron de directora.

Una amiga en común, me confesó por entonces, que ese día la llamó y le dijo: «He conseguido lo que quería. Ya tengo lo que tanto he esperado y lo que me merezco».

Desde entonces comenzó una odisea para los trabajadores de Granma, la mayoría de los cuales no son periodistas. Muchos de la redacción se fueron, también choferes, gente de servicio, los que limpiaban el piso, porque la jefa aterrizó con los humos subidos y lo cambió todo.

Solo mantuvo su puesto Oscar Sánchez Serra, el subdirector que ha sobrevivido todos los gobiernos, desde la época de Frank Agüero, por su habilidad para moverse entre dos aguas, de halarle la leva al que está por encima y de chivatear a los de abajo. El resto sufrió con con Yailín y los que se quedaron, porque no tenían más opciones, se alegraron cuando se enteraron de que estaba fuera.

Orta Rivera se creyó demasiado importante. Tal vez la heredera legítima de Jorge Enrique Mendoza Reboredo, quien fue por décadas el hombre de confianza de Fidel, y pasó por encima del Departamento Ideológico muchas veces. Para ellas, Enrique Villuendas era un personajillo de poca monta, un lleva y trae al que no le hacía mucho caso, y a Joel Suárez Pellé, quien fue jefe del referido lugar hasta que lo desplazó Rogelio Polanco, lo miraba como si fuera un tipo insignificante.

Se creyó cosas la directora, y cuando el impuesto presidente, Miguel Díaz-Canel, visitó Granma hace ya más de un mes, alguien se encargó de ponerle el cassette completo. Tenían pruebas de ventas de comida, piezas de autos, combustible, manejos sucios con lo de la casa de Martha Rojas, la llamada periodista del Moncada, la cual, dicen, se la apropió.

Para entonces, ya había pasado a mejor vida Rodrigo Malmierca y en su palmarés estaba Osney Colina, quien era secretario del partido comunista en Villa Clara, El lamebotas de Enrique Ubieta, el ex viceministro de la Agricultura Alcides López, y alguno más.

Aunque en su defensa vale decir que no es la única que lo hace, ni que lo ha hecho, porque los dirigentes castristas, a lo largo de la historia y comenzando por Fidel Castro, fueron pródigos en relaciones extramatrimoniales, aunque a las mujeres se les ha perseguido y a los hombres se les ha dado libertad total. Incluso, en círculos estrechos se considera casi como una medalla más tener dos, tres, 10 mujeres.

Ahora mismo, Granma no tiene director, y en el Comité Central llevan días pensando en alguien para entregarle la papa caliente de garantizar la cuota de mentiras de cada día. Tal vez, como hicieron con Yailín Orta, se viren para Juventud Rebelde, o para cualquiera sabe que medio en busca del sustituto.

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