CUBA NO TIENE LIDERAZGO NI ES UN PAÍS NORMAL

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Por Joel Fonte ()

El grotesco y frustrado propósito del castrismo de construir un liderazgo artificial y mostrar un país ‘normal’…

La Habana.- Ayer, mientras miraba el rostro del señor a quien Raúl Castro colocó formalmente en el Poder -supervisado- para que le administre su negocio-país, con el tradicional desprecio del apellido Castro hacia la voluntad contraria de millones de cubanos, me decía que ese rostro inexpresivo, frío, incapaz de trasladar emociones positivas, calidez, con frecuencia se retorcía en una mueca de odio, de desprecio hacia todo lo que considera contrario a su voluntad, a su visión totalitaria de lo que es «lo correcto».
Es, en cualquier caso, coherente con lo que pretende representar: un régimen trasnochado, que encarna toda la maldad de que se puede hacer víctima a un pueblo entero; un sistema nefasto, criminal, que ha demostrado que está dispuesto a exterminar a millones de seres humanos para retener el Poder.
Para construirle un liderazgo y engañar a los miles de ingenuos, -personas hundidas en la ignorancia, víctimas fáciles de la manipulación, que todo pueblo tiene- le han inventado a este señor toda una serie de estrategias que buscan humanizarlo, mostrarlo como un cubano más, cercano a la gente y alejado del grupo dirigente que sirve al castrismo para controlar el país, una élite corrupta y colmada de privilegios, y al cual este señor está integrado.
Le construyen espacios en redes sociales, visitas dentro y fuera de Cuba, entrevistas públicas…
Lo de ayer, en particular, no fue una entrevista; ayer lo que vimos fue una conversación bien ensayada, como una obra teatral y guiada por un individuo de la izquierda que está absolutamente comprometido con todas las dictaduras de la región, y con el régimen Castrista en particular, desde sus relaciones con el propio Fidel Castro, a quien le era servil.
Esa «conversación», debidamente salpicada de una mentira tras otra, no solo persigue los fines ya denunciados, sino en particular «normalizar» la situación del país, invisibilizar el caos económico, social, moral, humano que sufrimos millones de seres humanos aquí.
Eso, normalizar; la amistosa y cómplice ‘charla’ persigue mostrar al mundo a un caudillo inteligente y capaz, a quien el pueblo ama y por quien se enternece, que guía a fieles y dóciles gobernados hacia el éxito, mientras el país mejora.
Quien escuche al dúo de actores de marras con solícita credulidad no puede ni imaginar siquiera que los cubanos apenas dormimos y nos alimentamos -porque hace cerca de dos décadas, en pleno auge del chavismo, Castro decidió electrificar la cocina doméstica en Cuba, y la mayoría del pueblo necesita electricidad para la cocción de alimentos- a causa de apagones de casi 20 horas.
Tampoco imaginan que en Cuba hay cientos de miles de pobres que se van a la cama sin dormir, sin llevar alimentos a sus estómagos, entre ellos niños y ancianos; que millones de cubanos ganan al mes el equivalente a un paquete de pollo, o dos botellas de aceite; que en Cuba no hay una clase gobernante corrupta, que funciona como una verdadera estructura mafiosa y criminal, sino que esos gobernantes son santos, virtuosos, y que se sientan a la mesa vacía con los pobres.
Quien escuche el cinismo de Díaz-Canel creerá, si está adormecido por esa ingenuidad, que en Cuba no hay represión política, que la gente puede disentir libremente, oponérsele al poder sin ser encarcelado, golpeado; que se respeta la ley y que todos somos iguales frente a ella; que la gente sale en masa de Cuba porque le gusta viajar, visitar los volcanes y las selvas de Centroamérica, y no porque prefieren exponerse a asesinatos o ahogamientos antes que sufrir más el hambre, la asfixiante tragedia y la violencia política.
Tampoco que en Cuba -y esa fue una de las mentiras más descomunales, entre tantas dichas por el déspota- hay un sistema de salud «robusto», como si no estuviera ahí la inapelable prueba de cientos de miles de cubanos que sufren sin medicamentos desde hace muchos años, o los hospitales que parecen lodazales, pantanos de bacterias, a donde no va el dinero público que es robado por esa corrupción institucionalizada o desviado hacia otras inversiones que sí le constituyen prioridad al castrismo.
(…)
Se necesitarían horas para desenmascarar, una tras otra, tantas mentiras dichas desenfadadamente…
Y si; ciertamente muchos dentro y fuera de Cuba las creerán, pero somos más los que sabemos que el fin está cerca.
Basta de mentiras. Basta de tolerar injusticias. No más temor. No más dictadura en Cuba.