A GENTLEMAN IN MOSCOW

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Por Ulises Toirac ()
La Habana.- Ya saben que soy cinéfilo y «videófilo». Y en estos días, en los raticos que me lo permite el «Señor», he estado viendo los capítulos de una serie en plena salida al aire (tardo unos días respecto a la emisión, tusae, del mundo al inframundo va un trecho).
Ewan McGregor protagoniza excelentemente bien a un aristócrata de la Rusia zarista (el conde Alexander Rostov) que está en el extranjero en el momento en que Lenin y compañía toman el poder. A su regreso a Moscú es apresado y condenado a muerte por su linaje pero resulta que ha sido publicado un poema con imágenes revolucionarias y se lo han atribuido.
Gracias a esto posponen que cante El Manisero sin ensayo y es recluido en un hotel a modo de prisión. Puede moverse dentro, vivir en una habitación, alimentarse y disfrutar de los servicios del hotel, pero no puede poner un pie del «Hale – Empuje» pallá.
No envejece (voy por el capítulo que fallece Stalin y eso ocurrió en 1953 sin que el personaje muestre grandes cambios), pero a su alrededor, dentro y fuera del hotel, la vida transcurre con todos los accidentes que ello acarrea, y por supuesto, le involucran.
Uno de los elementos, el «compañero que lo atiende», Osip Glebnikov (Johnny Harris), es altamente estructural en la dramaturgia y uno de los elementos que con mayor fuerza ilustra el «quitatetupaponermeyo» en el que las fuerzas revolucionarias incurren al despojar a las clases dominantes que derrotan.
La raíz aristocrática del protagonista, su relación con el poder, la historia que le precede y la que lleva a cuestas, lo hacen vórtice de importantes eventos relacionados con la trama social de la Revolución de Octubre.
Pa mi está muy entretenida, tiene una «cinematografía» cuidadosa y una ambientación fuera de liga. Va en streaming por Paramount+ y Paketeflix