CUBA SE MUERE EN LAS MANOS DE UN GOBIERNO INEPTO Y SOLO MIRAMOS

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Por Jorge Sotero
La Habana.- Cuando en la turística y, por consiguiente, preciosa isla de Bali ocurre una inundación, el gobierno indonesio toma medidas de emergencia para paliar los efectos de las riadas, envía ayuda para las familias afectadas, los bancos dan créditos, y se destinan millones de toneladas de ayuda en enseres y alimentos para los damnificados.
Si ocurre en China, funciona igual. Lo mismo pasa en Madagascar, o en Brasil. Y si hay una sequía en Bolivia, o una helada, el gobierno aprueba fondos para socorrer a los productores, cuyas cosechas se han perdido. Y a los gobernantes les conviene que ninguno de ellos caiga en bancarrota.
Igual pasa en Estados Unidos, en Canadá, o en Guatemala. En España es similar. O en Dominicana. En momentos de crisis, de catástrofes naturales o climáticas, los gobiernos se reúnen solo para proponer medidas que ayuden a salir de la situación. Si usted tiene alguna duda, siga la situación de Taiwán o Filipinas antes, durante y tras el paso de un tifón, de esos devastadores fenómenos naturales que azotan aquella región, como hacen los huracanes en el Caribe.
Los gobernantes, que siempre tienen el ojo de los medios y la oposición encima, tienen que hacer bien su trabajo, y no perder el tiempo en reuniones estériles, ni en visitas tumultuosas que dejan más pérdidas que ganancias, porque pueden perder el poder, y ya sabemos cuánto les gusta el poder a los hombres. ¡Miren a los de Cuba!
Cuando en algún lugar hay hambruna, que es lo que sucede en Cuba ahora, los gobernantes tienen la obligación de apañárselas y generar políticas que faciliten la producción de alimentos. Y si se trata de problemas de vivienda, por el paso de un huracán, igual es necesario enfocar la estrategia en los materiales de construcción.
Pero en un país donde la capital se cae a pedazos -literalmente- y no hay carreteras por dónde transitar, donde no se recoge la basura, los hospitales no funcionan y no hay medicamentos, además de que el 95 por ciento de la población pasa hambre, sufre apagones constantes, y no tiene ni agua, el gobierno de turno, que es el mismo desde hace 65 años, se reúne para analizar porqué los jóvenes no quieres ser militantes de la Juventud Comunista o del engendro de Partido que ha acabado con todo.
En lugar de sentarse a promover políticas públicas y transparentes para producir alimentos, el presidente y su séquito cercano van a caminar a lugares donde un hombre solo siembra yucas y luego con esa yuca produce frituras, porque esos son los ejemplos que en su calenturienta cabeza de mediocre líder, cree que debe universalizar.
En lugar de destinar cientos o miles de millones cada año para que los hoteles de turismo florezcan y las arcas de GAESA sigan creciendo, debería sentar a su gabinete, o al de su primer ministro, y destinar fondos a adquirir maquinaria para laborar la tierra, acabar con el marabú, y producir alimentos. Para eso, además, se necesita agua, semillas, fertilizantes, pero de eso no se habla, porque un humilde productor de Cumanayagua o de Sierra de Cubitas, produce arroz con un molino de viento que heredó de su padre, que a su vez había heredado de su tatarabuelo, y ese es el ejemplo que hay que vender como modelo. Me gustaría decir ‘¡pobres hombres!’, sino creyera que son unos hijos de puta, ineptos y corruptos.
En lugar de programar un congreso de los tristemente célebres CDR, o de la FMC, deberían legislar de verdad para facilitar la producción, para cortar el bandidismo, el roblo, los feminicidios, para que vuelvan los maestros a las escuelas, y no se vayan más cubanos por cualquier vía a cualquier lugar. Y no hacerlo por imposición, sino con estrategias que generen empleos dignos, con salarios dignos, que alcancen para vivir. Y no tomarse la imigración como una vía para recibir remesas de ellas.
El mandatario que piensa que mientras más ciudadanos de su país se marchan al exterior es mejor, porque recibirá más dineros de ellos, mal anda. Y así piensan los gobernantes cubanos, que duermen al común de sus compatriotas con el cambio del secretario del partido en tal provincia, o la elección del gobernador en otra.
Cuba es una farsa, un no país, un lugar que otrora fue espléndido, lindo, que acogía migrantes de muchos países del mundo cada año, y que ahora se ha convertido en un lugar de estampida. Todo por el capricho de una tiranía que solo se preocupa porque los suyos vivan bien, aunque haya que tener un aparato represivo enorme, las cárceles saturadas, los tribunales sometidos, y la prensa de lacaya, halándole la leva a los dirigentes todo el tiempo.
Cuba está en situación de emergencia y el gobierno sigue inmóvil, ceñido en el mismo actuar de 65 años, esperando que un maná aparezca de pronto con petróleo y comida y le resuelva la situación. Al mismo tiempo, la gente muere de hambre, de necesidad, va por ahí cabizbaja, maloliente, triste, sin rumbo. Porque el cubano que tiene unos años, perdió el rumbo, no puede otear el futuro, porque pensar en un mañana luminoso es imposible en una isla empobrecida y un gobierno envilecido.
Mientras, en Bali, Taiwán, un cantón suizo, un departamento de Guatemala, o una región de Madagascar, el gobierno mete el cuerpo y destina recursos para enfrentar daños, compensar pérdidas y volver a empezar. De eso se trata, de volver a empezar cada día, pensando siempre en que se puede, y no caer en justificaciones y reuniones que nada resuelven. ¡Aprendan!